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Una justa reivindicación

  • Redacción
  • 2008-11-01 00:00:00

España posee la mayor extensión de viñedo del mundo. Tradicionalmente la viña forma parte inseparable del paisaje, lo conforma y modula en buena parte de su accidentado territorio. La vid, en sus diversas variedades y formas, se aclimata en sus valles, en las llanuras, en laderas de inverosímil verticalidad, le sienta bien la brisa y la humedad del mar cercano o le da por trepar a más de 1.800 metros de altitud. En todas las provincias que conforman España se puede brindar con buen vino autóctono. La historia de sus vinos es la de buena parte de su cultura desde hace más de 3.000 años. La del país más montañoso de Europa (con la única salvedad de la abrupta Suiza), la tierra de los mil microclimas, de los mil contrastes y de los mil paisajes. Tanta es la riqueza y diversidad que resulta difícil creer que todavía ninguno de sus viñedos, ni los orgullosos majuelos riojanos, ni las legendarias albarizas jerezanas, ni los impresionantes y vertiginosos viñedos de la Ribeira Sacra, ni las escarpadas pizarras del Priorat, ni siquiera los inconfundibles, sobrecogedores y negruzcos hoyos de la Geria lanzaroteña... en fin, más de un millón de hectáreas, hayan merecido el honor y la distinción de ser consideradas “Patrimonio de la Humanidad”. Nada que decir de los viñedos cuyos méritos han merecido tal honor, aquellos sorprendentes y vertiginosos terraplenes de la “Cinque Terre” italiana o los históricos “socalcos” del Douro portugués, bella y pura expresión del ingenio humano para obtener el preciado zumo fermentado que movió la economía de los pueblos mediterráneos desde los albores de la Humanidad. Pero España es en sí misma una reserva colosal de la biodiversidad agrícola que se merecería un trato más atento. En torno al vino y las labores de la viña se ha cimentado todo un corpus cultural de música, danza, pintura o literatura que ha impregnado incluso la vida de sus antiguas colonias. La viña es en muchos lugares el eje de la economía rural. Así que ya es hora de que algunos de nuestros viñedos obtengan ese merecido honor internacional.

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