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Todo vale y de nada vale

  • Redacción
  • 2013-02-01 09:00:00

Afirmar que Internet es la puerta a una dimensión inimaginable y maravillosa, por lo que de portentoso y admirable tiene, no es decir mucho más de lo que todos sabemos. También tiene algo de prodigioso, casi de milagro y, por tanto, de algo extraño que genera, aunque sea tenuemente, cierta desconfianza. Pero es un milagro muy alejado de la providencia divina. Está mucho más cerca de los algoritmos matemáticos y del sueño por conquistar un nuevo territorio aún sin explorar, ni explotar, en el que todos quieren cultivar su parcela con éxito. Lo virtual y lo real en una nueva dimensión con roles enredados en red.
El usuario es protagonista, el poder de la demanda, los mercados con conversaciones, lo masivo, interactivo y universal, las comunidades online, la inteligencia colectiva, el cliente es un elemento y medio social, la búsqueda de experiencias... Expresiones que leemos cientos de veces y una realidad que las empresas conocen y aprovechan para mejorar su oferta intentando acercarse al que consideran que es su cliente-consumidor. En el mundo del vino y su nuevo deseo de querer posicionarse a través de la comunicación online (propia o externalizada), algunas empresas llevan estas premisas sin orden ni concierto. Más que comunicación parece que están dando golpes con una venda bien grande en los ojos a una piñata de la que cae de todo.
Cierto, cada uno se busca la vida como puede, y más en estos momentos tan descarnados. Pero, sin duda, ni los conceptos están claros ni las formas son las adecuadas. Lo segundo me importa más que lo primero. Acciones de comunicación agresivas, cansinas, repetitivas, torpes, engañosas y sin nombre propio. Puedo entender que el tiempo es oro, el presupuesto escaso y la profesionalidad una ilusión. Considero que las buenas maneras están por encima del puro acto mercantilista. Y en ese mundo brillante de redes de comunicación interconectadas, los modales, y muchos mensajes, son mates. Qué menos que si te diriges a alguien dedicar un minuto a saber quién está detrás de una web o un blog, seas una empresa, una agencia de comunicación o lo que sea. Y si tu mensaje intencionado es descarado, abusivo y falto de coherencia, estudia antes a quién se lo propones. Porque de nada vale lo que parece que vale.
Ahora más que nunca se maneja muchísima información al alcance de un clic. Y ahora más que nunca es tan confusa y con tufo a humedad. Por eso hay que ser precavido, serio y, si vas de profesional, serlo. Porque la Red es como la vida misma, hay de todo y siempre te sorprende. Y solo estamos en el inicio de esta gran revolución.

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