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Un viñedo de calidad

  • Redacción
  • 1997-02-01 00:00:00

Poseer el viñedo más grande del mundo, con más de 200.00 hectáreas de cultivo, conlleva una seria carga y mayor responsabilidad. Aquí hablamos de casi el 52% del viñedo español, y de una impresionante producción que alcanza los mil setecientos millones de litros. Un lago de vino en una tierra seca, que eso es lo que quiere decir Mancha (del árabe manxa). La paradoja parece haberse instalado en esta gran llanura, a 700 metros sobre el mar, abrasada por un clima extremo que oscila sin miramientos de los 40º C a los -20º C. Un lugar sediento, donde la cepa lanza sus raíces hacia el interior esponjoso de la tierra, en un desesperado intento por conseguir la humedad necesaria, que el cielo le niega. Y la vid, rendida, produce poco, pese a lo cual la viticultura se ha visto abocada, como una maldición histórica, a la producción de graneles. Y cuando el bebedor español prefiere el vino tinto, de buen color y abundantes taninos, aquí la uva blanca Airén impone la supremacía en un gesto hidalgo sin futuro. Y la paradoja se hace ya insufrible cuando, menguada la cosecha por meteoro inoportuno, la uva manchega que alimenta los centenares de millones de litros de vino común, se ve sustituida por las masivas importaciones argentinas.
La titánica lucha del viticultor contra una naturaleza de paisaje impresionante pero cuya dureza sólo puede soportarse por amor a la vid y el peso tremendo de una tradición multisecular, está destinada al fracaso si no cambian los parámetros de cantidad por los de calidad. Sin renunciar al comercio del granel, que dé salida a los enormes excedentes en años de bonanza, hay que apostar decididamente por los vinos de calidad, primando la buena uva e introduciendo en las elaboraciones la más moderna y rentable tecnología que permita a los varietales autóctonos -Airén, Macabeo, Pardillo, Cencibel, Moravia, Garnacha- y a los foráneos como Chardonnay, Cabernet Sauvignon y Merlot, expresar plenamente sus potenciales enológicos. Porque el gigante vitivinícola español, con las D.O. La Mancha y Valdepeñas, no puede seguir soñando con la edad de los molinos.

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