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Santi Santamaria. Una obra inacabada

  • Redacción
  • 2011-03-01 00:00:00

A los que nos gusta el vino, y el queso, y las setas de temporada, y la cocina mediterránea del producto, y los platos donde prima el sabor, nos hemos quedado un poco huérfanos y desnortados con la muerte tan inesperada y tan prematura de Santi Santamaria. En su casa madre, en el comedor y en la sobremesa, en los íntimos altillos de Can Fabes, aprendimos que el buen diseño y la creatividad, que el mimo de las publicaciones más mínimas y personales, o del espacio de cocina más espectacular y vanguardista no estaba reñido con la filosofía recibida, conservada, inmutable y como tal transmitida, de la mesa como el altar último de la naturaleza, de la que nace y crece a los pies de la casa, de la que cada temporada va transformando el paisaje a la vista del horizonte. Santi era parte de la fuerza de la naturaleza, y como tal, explosivo, imparable, excesivo, inabarcable. Y crítico, profundamente analizador y diseccionador de la realidad y los tiempos que nos toca vivir. El restaurante, o más bien el grupo de restaurantes Santi Santamaria-Àngels Serra, es su imagen perdurable, donde reunió a más de 170 profesionales que son un ejemplo de eso, de profesionalidad y formación. Y así lo ha reconocido el mundo de la gastronomía, resumido, por ejemplo en la prestigiosa Guia Michelin: Can Fabes, tres estrellas, Sant Celoni (Madrid), dos estrellas ; Evo (L’Hospitalet), una estrella; Tierra (Toledo), una estrella; junto a su respresentación en los más lejanos y próximos rincones del mundo: Ossiano (Dubái), Santi (Singapur), La Manzana (Madrid) y Bouquet (L’Hospitalet). Pero aun por encima de sus logros, de sus éxitos y de la realidad de este imperio, no olvidaremos su personalidad, su sensualidad, su exigente gusto y sus sólidos principios

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