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Extremadura, un sonido de aceros

  • Redacción
  • 1999-07-01 00:00:00

Hay un triángulo extremeño casi perfecto que tiene sus vértices en Guadalupe, Plasencia y Cáceres. Y en el centro del triángulo, Trujillo. En todos estos lugares hay donde parar, es decir, paradores. Antes se llamaban así, paradores, y también fondas, hostales y posadas. Algunos se han puesto el nombre con mayúscula: Paradores.
Esta es una tierra muy seria, de soldados aguerridos y fornidos conquistadores que, so pretexto de la gloria, iban en busca del oro y las tierras lejanas. En Trujillo, por ejemplo, que tiene una de las más hermosas plazas mayores de habla hispana, cabalga en bronce Francisco Pizarro, armado de todas sus armas de conquistador de un buen trozo del mundo ultramarino y desconocido. En Trujillo, el palacio de los Pizarro se llama de la Conquista. Una belleza de fachada, y no la única, en esta ciudad berroqueña de castillo, palacios y conventos.
En Guadalupe se puede degustar el queso de los Ibores o la famosa “torta” del Casar, o los jamones de las serranías que cercan a este más que famoso monasterio, donde, por cierto, los monjes medievales no descuidaban fogones ni bodegas. Vinos de por aquí, todos bravos, son el de Cañamero, y los de Montánchez, Jerte, Salvatierra... Los bodegueros de Almendralejo quizá sean los que afinan más, y hasta se han atrevido con espumosos que no les salen mal.
Pero Guadalupe, gótica, renacentista, barroca, es villa para disfrute de la mirada. Y luego están Plasencia y Cáceres. Y allí ya es donde el viajero se extasía en la profusión de antiguas torres, habitáculos de cigüeñas que van y vienen todos los años, parte del paisaje extremeño como las propias torres de iglesias y palacios.
Es la esencia de esta zona cacereña de Extremadura: tierra de armas y emigrantes; gentes viajeras y aventuradas, como las cigüeñas. Los aceros, el oro, la aventura y la gloria... muchas quimeras que hicieron la sustancia de una tierra donde ahora se puede cómodamente parar y ver. Y comer, y beber, y cazar, y pescar, y conjugar otros muchos infinitivos. Incluido imaginar.

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