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Amarone: Vinos para la eternidad

  • Redacción
  • 2009-05-01 00:00:00

En la copa, un delicado color rojo; perfume de rosas, canela y, nada menos que ochenta años después de haber sido vinificado, ¡cerezas frescas!; en el paladar, aterciopelado, largo y con un fino abocado: el Acinatico de Bertani parece hecho para la eternidad. Este Recioto dulce de la añada de 1928 se descubrió en una bodega que fue tapiada durante la Segunda Guerra Mundial y en la que había más de siete mil botellas. Aún propiedad de la familia veronesa Bertani, recientemente han abierto una de ellas. Así se descubrió un Amarone de 50 años, un vino que entonces se estaba empezando a hacer en el Véneto, vinificado en la bodega tradicional Bertani por primera vez en el año 1959 con el nombre de Recioto Secco Amarone. Nacido como hermano menor del Recioto di Valpolicella, hace ya tiempo que el Amarone ha conquistado la cumbre. Actualmente se producen alrededor de dos millones de botellas al año. La añada que está saliendo ahora al mercado es la de 2005, una cosecha de peso. Pero Bertani siempre saca sus vinos al mercado más tarde, y en estos momentos presenta su añada de 2001. Según demostró una cata vertical que abarcaba hasta aquel primer año, 1959, los Amarone necesitan su tiempo. Las cosechas más antiguas, como 1997, 1990, 1985 e incluso 1967 y 1964 convencieron por su frescor y su frutalidad aún casi juveniles. La mayoría de estos vinos aún se pueden adquirir, pues desde hace décadas Bertani guarda cada año hasta un veinte por ciento de las botellas producidas. El Acinatico de la cosecha de 1928, por el contrario, no está en venta. Si se mantiene la tradición de abrir una botella cada año, el último vino no se degustará hasta el décimo milenio.

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