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Calatayud, los guardianes de la Garnacha

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  • Redacción
  • 2018-10-17 00:00:00

El martes 16 de octubre tuvo lugar una cata de vinos de la D.O. Calatayud en el madrileño Hotel Iberostar Las Letras, organizada por la revista MiVino

Bartolomé Sánchez, presidente honorífico de MiVino, dirigió un sorprendente recorrido por esta bella y dura tierra que custodia con mimo un tesoro enológico: sus magníficas y rotundas garnachas  


Las sufridoras y poderosas vides de la Denominación de Origen Calatayud -se sitúa en la parte más occidental de la provincia de Zaragoza- crecen en terrenos abruptos, a gran altura, y resisten estoicamente las embestidas del viento y unas diferencias térmicas extremas. Este martes han cambiado su dura y bella tierra por la viva y bulliciosa Gran Vía madrileña, y han desplegado su enorme potencial enológico en el Hotel Iberostar Las Letras. Bartolomé Sánchez, presidente honorífico de la revista MiVino, ha dirigido una cata para profesionales del mundo del vino (prensa, sumillería, etc.) que nos ha permitido descubrir las mil caras de la Garnacha bilbilitana.

“En la D.O. Calatayud son guardianes de la Garnacha, un tesoro que ha permanecido oculto en un cofre durante años, y que ahora se está valorando como merece; este es el futuro”, cuenta Bartolomé Sánchez con verdadera pasión. Miguel Arenas, presidente de la D.O. Calatayud, destaca la singularidad del terreno que habitan estas garnachas: “Son muy especiales, maduran con oscilaciones de temperatura muy extremas, cubiertas por el viento y a mucha altura”. Los viñedos de la D.O. Calatayud son los más altos de Aragón, y esta altura hace que el viento golpee inclemente; por eso las vides gozan de una salud extraordinaria. Las fuertes oscilaciones térmicas provocan que la uva madure más despacio; de hecho, esta Denominación de Origen es la última en vendimiar de toda España -como señaló Javier Lázaro, secretario de la D.O. Calatayud-.

Las pequeñas e inclinadas parcelas en las que se cultivan las garnachas de Calatayud, entre montes y sierras, se alzan sobre distintos suelos -pizarras, arcillas, gravas…- que marcan el expresivo carácter de estos vinos de altura. “Hay perfiles de garnachas muy diferentes”, destaca Antonio Candelas, coordinador de catas de MiVino. Estas silvestres garnachas han protagonizado la selección de vinos catados, “modernos, muy bien trabajados”, como ha explicado Bartolomé Sánchez. Son Las Pizarras 2016, de Bodegas y Viñedos del Jalón, con su delicadeza de aromas; Atteca 2016, de Bodegas Ateca, voluptuoso y opulento; Albada Finca Gemelo 2016, de Bodegas Virgen de la Sierra, elegante y mineral; Marco Valerio Marcial 2016, de Bodegas Langa, con una frescura vibrante; Armantes Vendimia Seleccionada 2015, de Bodegas San Gregorio, con amables toques frutales; Clos Baltasar 2015, de Bodegas San Alejandro, floral y goloso; Brega 2015, de Bodegas Breca, carnoso y contundente; y Samitier 2011, de Bodegas Augiusta Bilbilis, el más complejo y poderoso.   

“Ha sido una gran sorpresa”, anunciaba Bartolomé Sánchez antes de comenzar la cata. Sorpresa que se esconde en secas y duras tierras abrasadas de calor y hielo, en raíces profundas y enredadas de vides maduras y sabias.

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