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Monte Real Gran Reserva, en vertical

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  • Redacción
  • 2018-11-08 00:00:00

Comenzamos una nueva sección con una cata de esas que quedan para el recuerdo. Una magistral lección de historia en la que pudimos reflexionar sobre la evolución de uno de los vinos más reconocidos de Rioja, Monte Real Gran Reserva, pero ante todo fue una lección sobre el verdadero carácter riojano.


Monte Real Gran Reserva 1964
Tempranillo, Mazuelo, Graciano. 12,75% vol.

Empezamos el viaje en la mítica cosecha riojana marcada por la calidad y la cantidad de la cosecha. La más abundate desde la filoxera. Esto hizo que la fermentación se realizara en los tradicionales lagos de cosecheros en los que se introdujo la vendimia entera. Tras una larga crianza de 72 meses en roble americano y hasta hoy en botella, n os brinda una nariz deliciosa con notas de fruta escarchada, cerezas confitadas, regaliz y nuez moscada. En boca mantiene estructura y deja toques de tabaco, hojarasca e incluso hidrocarburos. La evolución en copa es excepcional.


Monte Real Gran Reserva 1978
Tempranillo, Mazuelo, Graciano. 13,10% vol.
Con esta añada, la bodega celebró su primer centenario en 1990. Hasta entonces el Consejo Regulador precintó el botellero donde descansaba el vino para garantizar la autenticidad de la añada. Cosecha de buena calidad, pero de gran mérito debido a las fuertes heladas de primavera. Sorprende la espléndida presencia de aromas de fruta negra confitada y especias, a lo que se suma el toque balsámico y de ebanistería. Su gran virtud la descubrimos en el paladar por ser envolvente, tener buena estructura y un final con detalles tostados y de cedro. Muy gastronómico, lo podemos disfrutar incluso con marisco.


Monte Real Gran Reserva Edición Limitada 1998
Tempranillo. 13,20% vol.

Es la primera añada que se elaboró con una clara vocación de guarda y es aquí, en este punto de inflexión, donde las dos anteriores adquieren su verdadero valor. También es la primera en la que se elabora solo con Tempranillo del pueblo de Cenicero. Fue una añada muy tardía. Desde entonces no ha habido otra de estas características. Esto marcó su personalidad, que se traduce en un vino cuya fruta queda definida por su frescura reforzada por toques especiados. Paladar equilibrado, completo en sensaciones y con un gran cuerpo. Largo, entero, con mucha vida.


Monte Real Gran Reserva 2004
Tempranillo. 14,32% vol.

Fue lo que se suele decir un año de libro. Todo se puso a favor para que la viña diera lo mejor de sí y lo convirtiera en una añada excelente. Todo el trabajo de estas añadas más actuales busca una diferenciación del concepto Monte Real sobre otras marcas de la casa, mostrando un perfil más moderno. Expresa con mayor rotundidad la fruta negra. Goza de profundidad y una gama de matices donde destaca la crianza con los toques ahumados y de especias dulces. Licoroso al final y de posgusto largo. Ganará en complejidad con el paso de los años.


Monte Real Gran Reserva 2008
Tempranillo. 14,15% vol.

Cosecha marcada por un fenómeno vitícola conocido como corrimiento de floración. Se debió a niveles elevados de humedad en esta fase en la que se produce una disminución del número de uvas por racimo. Aun así, la uva llegó a bodega en un buen estado sanitario. En nariz destaca por sus aromas de regaliz y especias (pimienta). Al fondo, la crianza enseña sus notas cremosas y tostadas. En boca se aprecia una elogiable sensación mineral que se funde al final con recuerdos licorosos y de cierta calidez. El tiempo en copa descubre toques de finos encurtidos.


Monte Real Gran Reserva 2010
Tempranillo. 13,95% vol.
A partir de esta vendimia entra en juego la microbiología de viñedo, donde una selección de las levaduras propias busca un estilo más fresco y más glicérico. Enseña una mayor concentración frutal y un carácter goloso más presente. En definitiva, es más completo en términos de sapidez. En boca resulta más estructurado, de tanino vivo, pero sin perder la frescura y con un posgusto en el que los 36 meses de crianza quedan en el recuerdo con toques de caramelo tostado y frutos secos. Ahora es el tiempo el que lo irá meciendo en la botella hasta que en unos años descubramos todo su potencial y complejidad.

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