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Creer en la tierra es el camino hacia la calidad

  • Antonio Candelas
  • 2020-10-05 00:00:00

Hace 26 años que Jumilla celebra puntualmente su Certamen de Calidad como principal termómetro de la evolución de sus vinos. Una muestra donde las bodegas intentan convencer al jurado de que el mejor vino siempre está por venir. Con esa actitud, el futuro de la zona está asegurado.


El de la D.O.P. Jumilla es un claro ejemplo de que, si se quiere construir un territorio consistente en calidad vinícola para adquirir así el consiguiente reconocimiento nacional e internacional, se debe apostar por las cualidades del terreno y plasmarlas sin complejos en los vinos. Pero no solo eso, sino que perseguir ese objetivo debe ir acompañado de una paciencia casi infinita porque no cabe duda de que las grandes zonas vitícolas del mundo se han forjado a base de un perpetuo tesón, una pasión desbocada y un firme sentido de pertenencia a unos valores que acaban trasladándose al vino para darles distinción y autenticidad.
Así, la reputación de Jumilla ha ido granjeándose evolucionando desde una zona en la que su producción era eminentemente granelista y a la que se acudía por la gran aptitud que atesoraban aquellos vinos fornidos y con mucho grado para aquel mercado, hasta un cambio en el concepto de producción  donde el embotellado llevó consigo la consecución de unos niveles de calidad que año a año se van rebasando. El Certamen de Calidad Vinos D.O.P. Jumilla, que este año ha celebrado su 26º edición bajo unas estrictas medidas de seguridad sanitarias, cumple un papel fundamental en la transformación de la zona, puesto que estimula a las bodegas a superarse para lograr obtener ese reconocimiento entre sus iguales y medir sus fuerzas para detectar aquellos aspectos donde es posible mejorar. Ese espíritu inconformista donde la perfección está en la mente del bodeguero cada vez que afronta una vendimia es lo que ha ido haciendo grande este Certamen.
Esta reflexión nace de mi participación como jurado desde hace varios años y en la que no solo he podido comprobar cómo se espera este momento en los pueblos que componen esta Denominación de Origen como el gran acontecimiento vitícola del año, sino tambié la sana competición que existe entre los bodegueros que presentan sus muestras con la ilusión de que ese año su vino esté entre los mejores. El palmarés de esta edición está formado por 12 oros y 2 platas repartidos entre 7 bodegas. Además, se han entregado menciones especiales para destacar las elaboraciones monovarietales de Monastrell, su uva reina, y el Mejor Vino Ecológico, un movimiento en alza que ayuda a posicionar los vinos en los mercados internacionales. Estos son los 12 vinos que han logrado el máximo galardón para que juzguéis vosotros mismos la extraordinaria calidad que atesoran. El año que viene, más y mejor.

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