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José Luis Pérez Verdú. La Pasión del vino

  • Redacción
  • 1997-10-01 00:00:00

T iene aspecto de sabio distraído, pero los que le conocen bien confirman lo de sabio, pero niegan la distracción. A José Luis Pérez Verdú, el hombre de los prestigiosos Martinet del Priorato, no se le pasa ni una. Cada vez es más sabio, investiga y viaja más por el mundo. Además de hacer sus soberbios vinos, se ocupa de la dirección técnica de Castillo de Perelada, de Robellats, de Bárbara Forest, en Terra Alta, y está enredado en un nuevo proyecto en el Priorato con el cantautor Lluis Llach. No se siente un “flying winemaker”, uno de esos enólogos especializados que vuelan de un país a otro aplicando técnicas vinícolas. Presume de tranquilo, aunque la entrevista la hacemos en el aeropuerto de Barajas en tránsito entre Tenerife, de donde viene de catar vinos, a Alicante y Bullas a donde va a ver otros. Amable, didáctico, práctica que le viene de cuando era director del Instituto de Formación Profesional de Falset, Pérez Verdú tiene siempre la risa lista.

No para de hacer vinos para otros.
¿Qué gana con ello?

No, no cobro nada. Lo que pasa es que ya tengo 61 años, y llega un momento en que sientes la necesidad insuperable de transmitir las cosas que has aprendido. ¿Qué hago a esta edad mirándome el ombligo? Hay que hacer cosas por los demás. Me llamaron de Agricultura de Murcia, los de Bullas, y me plantearon que por qué no iba a darles un poco de ánimo. Y allí me fui. La gente se quedó entusiasmada. Era un momento en que la gente estaba perdiendo el carro y se marchaba. Vale la pena que gastemos algo de tiempo en hacer pruebas con su variedad de uva, la Monastrell, y poner Tempranillo, a ver cómo resulta. Ahora me esperan para elegirles las cepas.

Pero también trabaja para empresas

Perelada, Rovellats y Bárbara Forest, en Terra Alta, son los tres proyectos que estoy llevando ahora, más uno que ya terminé hace poco que es el de Masía Gironella. Acabé el trabajo y ahora ya van ellos solos. Y luego está lo de casa, claro.

Y el proyecto con Lluis Llach

Eso es lo mejor. Lo estamos haciendo en el pueblo de Porrera, en el Priorato, desde hace un año. La bodega con Lluis Llach es la demostración de que la agricultura puede ir por otros andurriales distintos a los de ahora.
El hecho cierto es que tenemos una agricultura minifundista en todo el Mediterrá-neo. O bien se trata de cooperativistas, que son a quienes más les cuesta producir y más barato venden, o bien se trata de grandes empresas que van comprando terrenos y poniendo a trabajar a los agricultores, que en realidad son los que verdaderamente saben de esto.
Un trabajador del campo, un payés, es una persona que trabaja mucho para sí mismo, pero haciéndolo para los demás pierde interés. Esto no puede ser. La idea es que ellos mantengan su patrimonio, que procede de su padre o de su abuelo, y pagarles las uvas hasta un 20% más. Doscientas, trescientas pesetas, según lo que haya. Tú sabes del campo, yo sé de la técnica: así que te voy a dar toda la formación que pueda y tú me produces tu mejor uva. Hay que intentar que el nombre de esas pequeñas explotaciones aparezcan en la etiqueta del vino.
Y si algún viticultor de Porrera quiere hacer vino por su cuenta, habrá que ayudarle. El sol sale para todos, y no hay que cerrarse en banda por la competencia. Así se lo expliqué a Lluis Llach, le ancantó y fuimos todos para adelante.
¿Cuando podremos degustar el vino?

Saldrá para el próximo año, ahora ya está en barrica. Pero hemos vendido mucho en “primeur”. La producción de la primera cosecha será de 2.000 cajas. La bodega está en la misma cooperativa de Porrera. Nos han dejado la mitad de las instalaciones para nosotros y allá hemos organizado todo para la vinificación. Este año hemos comprado bastantes tinas de 2.000 litros para absorber todas las variedades, separarlas por parcelas, y ver cómo van evolucionando los diferentes vinos. Trabajamos con Garnacha y Cariñena en la zona más alta del pueblo, por eso el vino se llamará Cims de Porrera.

Alta como el precio, supongo

Pues sí, más de 3.000 pesetas. Pero ésta es la única manera de que el proyecto marche. El año pasado el contrato que teníamos con los agricultores era de 150 pesetas el kilo de uva, para cinco años. Yo dije que eso no podía ser, y al final hemos pagado a 230 pesetas. Están encantados. El año pasado cobraron en Navidad, y dos veces más que el anterior, y aquello fue una locura, todos felices.

¿Cuánta gente está en el proyecto?

Todos. Nosotros somos tres: Lluis Llach, un notario de Barcelona, que es muy amigo de Lluis, y yo. Y luego hay 30 ó 40 agricultores. La cooperativa tiene una producción de 110.000 a 120.000 kilos. El año pasado compramos 40.000 y este año compraremos 90.000, y lo que no compramos nosotros, yo lo elaboro también para la cooperativa y lo vendo después.

Ahora todo va bien, pero ha tenido
una historia accidentada

Soy de un pueblecito de Alicante. A los 12 años dejé la escuela para trabajar en el campo. A los 23 años me marché a Suiza de emigrante y trabajé de peluquero en Zurich. A los 28 años hice el bachiller, y luego estudié biología humana en las universidades de Zurich y Ginebra. A los 34 ó 35 años terminé la carrera y me vine a España donde estuve ocho años de profesor en Sant Cugat. Fue entonces, por los años 80, cuando necesité volver otra vez al campo, cuando me dieron la oportunidad de ir de director al colegio de formación profesional de Falset, en el Priorato. En el 84 aparecen René Barbier y Carles Pastrana, y arranca esta generación en el Priorato. Es entonces cuando monto Mas Martinet.

¿Cómo ve la situación en España?

Estamos bajo cero. Aquí se pueden hacer maravillas. Hay materia para hacer vinos muy diversos. Si vas al norte al valle del Mosela, al valle del Rhin, ves que aquella gente está haciendo unos esfuerzos tremendos para elaborar un vino mediocre. Son esfuerzos tecnológicos. Vas a Burdeos, y hay que ver la cantidad de años en que no pueden hacer vino por exceso de agua y falta de sol. Nosotros estamos en una latitud muy buena. Y a 600 u 800 metros la altitud compensa la latitud. Tenemos cielos despejados y más luz que los demás. Con todo esto y con nuestra tradición vinícola, que España sea la que menos dinero gane con el vino es un contrasentido.

Y regar cuando haga falta

En el Priorato quisiera tener el agua a mi disposición para hacer lo que quiera. En el norte, en Francia y Alemania, si pudieran quitar ellos el agua que les sobra, ¿no la quitarían? Si pudieran poner más sol, ¿no lo pondrían? Seguro que sí. A nosotros nos falta el agua. Los payeses del Priorato miran al cielo y dicen: qué bien vendría una tronada. Bueno pues yo no digo nada, voy y abro el grifo.
Enrique Calduch

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