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Angelo Gaja, ¿emigra usted a la Toscana?

  • Redacción
  • 2004-10-01 00:00:00

Para empezar, ha rebajado sus crus de Barolo y Barbaresco a la categoría de Langhe DOC; después ha invertido masivamente en la Toscana. Angelo Gaja, vinicultor estrella del Piamonte, explica por qué su corazón, a pesar de todo, pertenece al Barbaresco. Señor Gaja, desde la cosecha de 1996 ha estado usted rebajando sus vinos de viñedo único a la categoría de Langhe DOC. Con ello pretendía revalorizar el Barbaresco DOCG. ¿Lo ha conseguido? Sí, ahora más que nunca, el Barbaresco DOCG es nuestro vino más importante. Es una cuvée de uvas de 14 grandes viñedos, a la manera de un Super-Barbaresco, y expresa todo el potencial de la Nebbiolo y de los suelos de la región. Siempre hemos procurado evitar que los crus pusieran en peligro este vino superior. Al fin y al cabo, ya en 1967 empezamos a vinificar vinos de un solo viñedo. Pero desde hace unos 15 años parece que se ha puesto muy de moda. Así que hemos decidido rebajar de categoría los crus. Algunos sospechaban que, bajo la etiqueta de Langhe, pretendía elaborar un Super-Piamontés con variedades de uva internacionales. En una anterior entrevista, usted nos lo negó. Pero desde entonces, sus crus ya no están hechos con un 100% de Nebbiolo... Hemos añadido algo de Barbera para vivificar el Nebbiolo, en un máximo de ocho por ciento en el Sperss y en el Conteisa. Pero eso no quiere decir que pensemos hacer lo mismo que en la Toscana. No voy a hacer ningún Super-Piamontés. ¿Eso quiere decir que no está considerando ni la Cabernet ni la Merlot? Efectivamente. También podremos prescindir de la Barbera cuando el vino ya no la necesite. Ha abierto una bodega en la Maremma en 2003: pronto habrá más vinos de Gaja en la Toscana que en el Piamonte. ¿Emigra usted? Naturalmente que no. Queremos crecer, pero sin aventurarnos demasiado. En Langhe hubo varios años difíciles seguidos a principios de los años 90. Por eso decidimos desviarnos hacia la Toscana. Verdaderamente tiene grandes suelos. Ha elegido zonas conocidas como Montalcino o la Maremma. ¿Por qué no una región emergente y dinámica como Montecucco? Evidentemente teníamos que invertir allí donde crecen los mejores vinos. La firma Gaja, al fin y al cabo, no es una empresa de pizzas. En Montalcino, Biondi-Santi ya había demostrado lo que puede llegar a ser posible, y en la Maremma fue Sassicaia. Es decir, una inversión segura. No se puede decir que usted sea precisamente amigo de los experimentos. En la Toscana, hasta ahora, sólo ha hecho Brunello y en la Maremma, cuvées acreditadas de Cabernet y Merlot. ¿Los próximos años nos depararán alguna sorpresa? En Montalcino hemos querido hacer un vino característico de la zona, es decir, el Sangiovese grosso. En la Maremma, por el contrario, las que mejor se dan son la Cabernet y la Merlot. Aunque allí todavía no estamos preparados para vinificar un gran vino. Un gran vino sólo se puede hacer con cepas viejas, y nosotros aún estamos plantando. Y eso que el proyecto Ca’ Marcanda existe desde 1996. Pero antes de plantar, ha analizado minuciosamente cada uno de los posibles viñedos. ¿Por qué? Queríamos introducir en la vinicultura de la Toscana un aspecto de la piamontesa: conocer los puntos fuertes de cada viñedo para producir vinos con personalidad inconfundible. Como nuestros crus del Piamonte. Lodovico Antinori, su vecino en la Maremma, quiere hacer un gran Merlot varietal. ¿Qué opinión le merece? Tengo reservas. En mi opinión, la Merlot madura demasiado pronto en la costa como para poder producir un gran vino sola. Pero ya veremos... en cualquier caso, nosotros hemos plantado Cabernet Sauvignon, Cabernet franc, Merlot, Syrah y Sangiovese. A mí personalmente me gusta mucho la Sangiovese, quizá porque se parece a la Nebbiolo. La Maremma está considerada como la California italiana. ¿Le atraería un proyecto en el Nuevo Mundo? Hemos reflexionado sobre un joint venture en California o Australia. Pero la verdadera América es la propia Italia: ningún otro lugar tiene tal diversidad de posibilidades en tan poco espacio. Italia tiene una enorme multiplicidad de suelos y variedades de cepa y, además, el microclima puede cambiar cada 100 metros. La decisión que tomó en la Toscana ha sido un éxito comercial. Los grandes vinos del Piamonte, el Barolo y el Barbaresco, hoy sienten más la crisis que la Toscana. La presunta crisis del Piamonte no es más que una evolución natural. No siempre se puede crecer. Desde 1995 hemos tenido en Langhe seis o siete grandes cosechas seguidas y, además, muchas empresas nuevas se han sumado a las existentes, lo que automáticamente provoca un exceso de oferta. Pero también es evidente que la economía en general no va bien; incluso las marcas de coches de mayor categoría se están viendo obligadas a ofrecer descuentos. ¿Gaja también tiene vinos en oferta? No, nosotros no bajamos los precios. Por suerte, incluso en estos tiempos nuestra clientela no le da diez vueltas a un céntimo antes de gastárselo. ¿Así que usted hace vinos para ricos? Sí. Cubrimos un sector del mercado para gente con dinero... Y siempre la hay. ¿Cuáles son sus mercados? En Inglaterra y Rusia vendemos muy bien, Japón también se está recuperando y China promete. Alemania, por el contrario, que siempre ha sido la locomotora de Europa, tiene dificultades. En todas partes están ahorrando. Un conocido mío vende paneles para puertas: a Alemania ya casi sólo exporta plástico en lugar de madera de verdad. Nosotros hemos logrado exportar a Alemania sólo un 13 por ciento de nuestro volumen total de ventas, y antes era el 20 por ciento. ¿Cómo ve usted ahora el Barbaresco, comparado con su gran hermano Barolo? El Barbaresco siempre ha sido el segundo violín detrás del Barolo; ahora está emergiendo de detrás de la sombra de su hermano mayor. Es cada vez mejor, como acaba de demostrar la cosecha de 2000. Esta añada de 2000 tiene lo que distingue al Barbaresco del Barolo: elegancia. ¿Se han acabado los fanfarrones? No necesariamente, pero cada vez más consumidores están apreciando los vinos elegantes. Yo siempre les digo a los productores: ¡No envidiéis a los productores de Barolo, adelantadlos en la recta final! Angelo gaja Angelo Gaja conoce el Barbaresco, por así decir, desde la cuna: la finca vinícola familiar fue fundada en 1859, y el padre de Angelo, Giovanni, fue uno de los vinicultores pioneros de Langhe en los años 50 y 60 del siglo XX. Angelo empezó a trabajar en la empresa familiar a principios de los 60. Ya en 1968, muchos antes de que se pusiera de moda, embotelló su primer vino de un solo viñedo, Sori San Lorenzo, al que siguieron otra media docena de crus, que firman desde 1996 como Langhe DOC. Angelo Gaja posee actualmente 90 hectáreas de viñedos en Langhe y 114 en la Toscana: 16 en Montalcino y 98 en la Maremma, junto a Catagneto Carducci (60 de ellos ya en producción). Además importa grandes vinos y copas Riedel para Italia y, desde otoño de 2004 o primavera de 2005 a más tardar, también será propietario de un hotel. Quiere inaugurar entonces el «Locanda Castello di Barbaresco», un hotel de cuatro estrellas situado enfrente de su bodega, en cuyos sótanos abovedados ya descansan los vinos de Gaja. También la siguiente generación de la familia Gaja se ha puesto en marcha. Sus dos hijas, Gaia y Rosanna, han terminado la carrera: Gaia estudió Economía, y Rosanna, Vinicultura. Ahora están procurándose experiencia en el ramo: trabajan parcialmente en la finca de su familia, aunque también picotean en otras empresas. Giovanni Bo es el diseñador de esta nueva bodega subterránea en la finca de Gaja Ca’ Marcanda en la Maremma. El edificio desaparece por completo en el paisaje: ha sido cubierto casi en su totalidad con la tierra desalojada para la construcción, y pronto, cuando la vegetación se recupere, volverá a integrarse enteramente en su entorno de olivos, cipreses y matorral. En el interior, Bo ha empleado muy pocos materiales; su objetivo era conseguir una «austera sencillez». Pero no por ello ha olvidado la componente artística: el equipamiento funcional de la bodega de barricas, con suelos de gres, columnas oscuras y luminosos focos en el techo, por ejemplo, contrasta con las cálidas esculturas de madera del arquitecto y, naturalmente, con las barricas de roble donde maduran los vinos. (christian.eder@vinum.info) (hanspeter.siffert@vinum.info)

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