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Priorato y Montsant. El milagro del vino.

  • Redacción
  • 2007-11-01 00:00:00

El Priorato invita a un viaje tan sorprendente como equilibrado. En las profundidades, las minas de Bellmunt; en las alturas, Siurana y las crestas del Montsant; en las ermitas, ingenuo románico; en la memoria, una azarosa historia grabada en piedra y ruinas; en el paisaje, paz, autenticidad, y refinamiento en la mesa; y en las bodegas, el vino que el mundo aclama. Todo empezó como un milagro. En el S.XII, un pastor de aldea soñó que de un pino surgía una escalera por la que los ángeles subían y bajaban desde el cielo. El monarca Alfonso II el Casto aprovechó la surrealista visión, a la que la Iglesia daba alas, para patrocinar un monasterio que afianzara la reciente reconquista del territorio. A los pies del Montsant se instaló la Cartuja, bautizada como Scala Dei, cuyo prior regía los siete pueblos circundantes. Los monjes trajeron vides de Europa, y muy pronto se extendió la fama de unos vinos con vocación celestial. Y es que realmente son un milagro. Son la respuesta a un suelo y un clima tan difíciles como idóneos para la calidad de la uva. Un territorio escarpado, pizarroso, pétreo, sin materia orgánica y casi sin tierra, salpicado de hierbas perfumadas, de romeros y tomillos, de almendros y olivos. Los viñedos se elevan en laderas muy pendientes o terrazas escalonadas, con viñas viejas abandonadas por su baja productividad. Precisamente, gracias a esas desgracias, actualmente recupera el auge de su mejor pasado y el reconocimiento mundial. Del cielo no recibe mucha agua, el sol mediterráneo en verano eleva la temperatura hasta los 40º C, y un viento seco, el Seré, puede enfriar las noches hasta los 10º C. Y eso cría uvas potentes y estructuradas. Un paisaje para dos vinos En ese territorio común que es un circo de montañas dramáticas, sueño de los escaladores, salpicado por 23 pueblos y 3 pedanías, a cual más delicioso, viven apenas 19 habitantes por kilómetro cuadrado, y conviven dos Denominaciones de Origen de vinos diferenciados, Priorato y Montsant, capaces de extraer toda la potencia de las garnachas históricas y la Cariñena, de restaurar viñedos desahuciados, y de modernizarse con nuevas plantaciones de Cabernet, Merlot, Sirah... para personalizar con un sello propio a cada bodega. Comprobarlo es fácil, porque cada vez son más las que abren sus puertas a los visitantes, y porque aquí es imposible sustraerse al enoturismo. Cada camino, cada mirada, recorre un panorama de viñedos hermosos y sorprendentes, y más ahora, en otoño, cuando sus tonos rojizos son el vistoso fondo omnipresente del paisaje. Cada recodo, cada plaza de pueblo rezuma aroma de vino, de las apetitosas levaduras que en esta época, al final de la vendimia, se encargan de transformar el mosto en vino. Cada trago es una experiencia, cada visita un descubrimiento que van más allá de la avanzadilla de L’Ermita de Álvaro Palacios o el clasicismo de Cal Pla. En Porrera se apiñan diez bodegas, unas de toda la vida, otras tan recientes como la de Lluis Llac o la de Depardieu, más una tienda de vinos en la plaza, Vinum, y, a dos pasos, la coqueta Clos Dominic, de techos naranja y vigas blancas, que fue la casa de veraneo de la familia hasta que Francisco, y ahora su hija Ingrid, enóloga en ciernes, decide elaborar una viña centenaria de la que salen 7.000 botellas. Una escala a cuatro estrellas Las míticas cepas de Scala Dei, las que rodean las ruinas del monasterio, presumen de ser el Saint Emilion del Priorato. Se convierten en 90.000 botellas en manos de Jordi Vidal y en los edificios de la Conrería d’Scala Dei, la que fuera zona comercial y agrícola de los monjes. Ahora el edificio se está restaurando como hotel de 4 estrellas y 26 habitaciones, a inaugurar el próximo verano. Los grandes son la flamante bodega de Pinord que trabaja la viña con filosofía ecológica, y las cooperativas. La de Falset es un edificio modernista de 1919, firmado por un discípulo de Gaudí, César Martinell, que reprodujo en ella la estructura de una iglesia catedral. La de Capçanes es una cooperativa insólita en muchos aspectos. Elabora 30.000 botellas de vino «kosher», es decir, bajo la estricta reglamentación judía, en depósitos y sala de barricas sellados, que solo puede tocar el rabino. Mas aún, con tubos opacos para que nadie pueda contaminar el vino ni siquiera con la mirada. Pero lo más revolucionario es que los 87 cooperativistas, que son prácticamente el pueblo en pleno, para mejorar sus instalaciones se embarcaron en un crédito avalado con todo su pecunio personal. Hoy la cooperativa es un primor, barricas nuevas para viña vieja y un amplio catálogo de vinos que se refleja en una atractiva tienda. René Barbier hace Priorato en Clos Mogador y Montsant en Falset: Laurona. Un complejo puzzle de seis zonas que elabora en cubas de cemento y fudres de madera. Quien mejor ha sabido combinar el trabajo del vino y las visitas turísticas, el enoturismo, es Xavi, de Buil & Giné, con su flamante edificio forrado de pizarra frente a la ermita de la Consolación. Gema es el alma de la preciosa tienda, y quien guía a los visitantes desde la viña a las profundidades, por el mundo del sabor y el conocimiento de las dos D.O. a través de una descubridora cata comparada. Vino y arte La ruta del vino que promueve el Consell Comarcal del Priorat muestra que el Priorato es más que sus bodegas. La enóloga Sara Pérez reproduce su excepcional buen gusto también en la mesa, en el restaurante Irreductibles que comparte con René Barbier, y donde oficia Ricardo Kanayama. Clos de L’Obac, de Costers de Siurana se enseñorea en el Celler de Gratallops con la cocina de Sergi Margalef. En Cataturian, en el Masroig, Alicia Sempere ha montado una preciosa escuela-hotel donde predica la buena nueva de la cocina mediterránea a gentes venidas de todo el globo. Y María José, en su casa rural La Icona hace una coca de chuparse los dedos. Y hablando de dedos, su marido, Daniel, osteópata, arregla a mano los cuerpos en el pequeño spa que han montado en el fondo de la casa, en un troje de aceite. Muchos, como Waldo del hotel Cal Llop o el equipo del Mas Collet vienen de lejos. Pasaban por allí y quedaron prendidos de las piedras, de los pámpanos, de la paz, de la acogida, de la belleza que bajo algunas luces deja sin aliento. Hay que ir... y quedarse ¡Hay tanto que ver y tanto por saborear! El agreste panorama del Priorato acoge la diversidad más sorprendente. El vanguardista hotel Cal Llop, el rigor del vino «kosher» de la cooperativa de Capçanes y (abajo) la creativa investigación de Buil&Giné, el paladar ancestral recreado por una oriunda como la enóloga y restauradora Sara Pérez, y hermosos caminos de piedra, como la villa de Siurana, encaramada en roca y su capilla románica de Santa María. Oficina de Turismo C/ San Marcel 2, 43730 Falset (Tarragona) Tel.977 831 023. oit@priorat.cat www.turismepriorat.org Visita a Bodegas Admiten visitas 11 bodegas de la D.O. Montsant, 26 de la DOC Priorat, y de ambas, Buil &Giné y Capafons-Osso. Más información: Oficina de Turismo. Iniciación a la Cata Viniteca Mayol (Torroja) www.vinitecamayol.com Vinatería Aguiló (Falset) www.aguilovinateria.com Triangle de Tast (Falset) Tel. 977 83 07 76. Donde Comer Irreductibles (Gratallops) www.irreductibles.org El Celler de L’Aspic (Falset) www.cellerdelaspic.com Cellers de Gratallops . Tel. 977 839 036 Quinoa (Falset). Tel. 977 830 431 Donde dormir Hotel Cal Llop (Gratallops) www.cal-llop.com Hotel La Siuranella (Siurana) www.siuranella.com Heredad Mas Collet (Capçanes) www.grupohh.com La Icona del Pont Vell. Rural con spa. (Porrera) www.laicona.com. Visitas imprescindibles Cartuja Scala Dei, Parque Natural del Montsant, Siurana, Minas de Bellmunt, Relojes de sol de Porrera, Cooperativa modernista de Falset.

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