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Méntrida, ejemplo de identidad toledana

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  • Antonio Candelas
  • 2024-04-01 00:00:00

Bastión de la Garnacha castellana, caladero de viticultores experimentados y universidad de enólogos exitosos. Así es el territorio de la D.O.P. Méntrida. Una tierra con una fuerte personalidad que ha sabido en los últimos años crear oportunidades y labrarse un futuro a base de identificar y potenciar todo aquello que conforma su identidad.


En el corazón de Castilla, entre valles ondulantes por los que el río Alberche sale al encuentro de su querido Tajo y tierras ricas en historia, se dibuja la Denominación de Origen Protegida Méntrida. Esta región vinícola, situada en la provincia de Toledo, ha sido testigo de una verdadera revolución en la elaboración de vinos con la Garnacha, su gran dama tinta, como principal baluarte, pues supone más del 75% del viñedo de este territorio. Aunque hoy destaca espléndida la nueva ola de vinos de pueblo y de parcela que están capturando la atención de los inquietos conocedores del vino en todo el mundo, cierto es que los proyectos cooperativistas, como ocurre en otras zonas, han sido los verdaderos guardianes de estas viñas históricas –y por tanto únicas– que sin su protección hubieran corrido peor suerte.
Dos buenos ejemplos de esta resistencia numantina son la Cooperativa de Camarena, con sus 750 hectáreas de viña, o los 70 socios que conforman la Cooperativa Condes de Fuensalida. Dos proyectos que no solo han servido de férreos defensores de viñas remotas, sino que están sabiendo adaptarse a la realidad del sector a base de seleccionar sus mejores uvas para destinarlas a vinos cualitativos e identitarios, por no hablar del máximo aprovechamiento de la amabilidad de sus garnachas para crear vinos accesibles y placenteros de una indiscutible precisión técnica. Gente valiente que ha transmitido su confianza en el territorio y en la Garnacha para atraer talento y conservar el que ya existe.


Tierra de valientes
"Toledo es una historia de España completa. Todo lo que aquí ha habido de caballeresco en las costumbres, de noble y ejemplar en la vida, de osado en las empresas, de original y picante en la literatura y de delicado en las artes, ha tenido por teatro esta ciudad". Esta hermosa descripción de Toledo acuñada por Benito Pérez Galdós se podría utilizar para resumir el devenir de la D.O.P. Méntrida y sus protagonistas.
La actitud decidida de investigar para dotar al territorio de herramientas en el futuro dice mucho de la nobleza de los proyectos que allí se desarrollan. Nos referimos a Bodegas Arrayán. Su enóloga, Maite Sánchez, junto con la Universidad Politécnica de Madrid lideraron un completo ensayo sobre el conocimiento de la adaptación de variedades minoritarias de la meseta castellanomanchega cultivadas en tiempos pretéritos. Todo ello con el fin de tener recursos ante un escenario cada vez más evidente de cambio climático. De las conclusiones de aquella investigación se han llegado a incluir recientemente en el pliego de condiciones de la D.O.P. Méntrida variedades como Garnacha Blanca, Garnacha Gris y Garnacha Peluda, así como la Moravia Agria.
Entre valientes anda el juego en esta tierra, y es que si Bodegas Arrayán ha trabajado para desentrañar el futuro de la Denominación de Origen, en su momento Alfonso y Belarmino, con su proyecto Canopy, fueron pioneros en elaborar uno de los primeros vinos de parcela de Méntrida. Aquella Viña Escondida procedente de una viña de 90 años ubicada en un remoto paisaje montañoso en plena Sierra de Gredos ha inspirado a tantos otros y a la propia Denominación para que incorpore en su normativa la categoría de Vino de Pueblo y Vino de Parcela. De esta manera, bodegas arraigadas de la zona, como Alonso Cuesta, están sumándose a esta manera de entender que la identidad vitícola de un municipio o de una parcela van dibujando la personalidad de la comarca desde el aspecto más cualitativo. En esta línea nos proponen La Garnacha de Lola Cuqueña, procedente de una parcela en el municipio de Méntrida cuyas cepas tienen más de 75 años. Plantada sobre suelo arenoso con fondo de arcilla, las 3,5 hectáreas de la parcela, orientada al norte, está rodeada de carrascas y monte mediterráneo. Un verdadero trabajo de supervivencia de una viña que, trabajada con el mayor mimo posible, es capaz de transmitir el carácter de la Garnacha de la zona baja de la D.O. mentridana. Una personalidad diferente es la que encontramos en La Garnacha de Lola Mazalba, ubicada en La Torre de Esteban Hambrán, donde la viña vieja se aferra a un suelo arenoso de naturaleza granítica y una orientación este más expuesta.
Otro de los proyectos que apuestan por esta vía de identidad es A Pie de Tierra. Una bodega comandada por Aitor Paul y David Villamiel, dos jóvenes inquietos que se conocieron en la Escuela Profesional de Viticultura y Enología de Madrid. El proyecto, que echó a andar en 2017, se basa en la explotación vitícola familiar de David, que abarca unas 20 hectáreas en los valles del Alberche, con viñedos viejos de Garnacha plantados a mediados del siglo pasado y complementados con parcelas en el cauce del río Alberche en Aldea del Fresno. Además de elaborar vino, tienen como objetivo revitalizar los viñedos familiares y desvincularse del sistema cooperativista predominante en la región para dar continuidad al trabajo generacional y dignificar la vida rural.
El proyecto apuesta por la Garnacha para representar el carácter mediterráneo de la zona central, situada entre la dehesa y las laderas de granito del curso medio del río Alberche, contribuyendo así a mantener el paisaje característico de la región. El Surco es el vino que elaboran con uvas de viñas del municipio de Méntrida de 40 años de edad plantadas sobre suelo granítico de textura limosa. En la añada 2022 cambia de nombre e imagen y se presenta bajo una filosofía de elaboración basada en maceraciones largas y poco extractivas.
Nos desplazamos hasta el municipio de Santa Olalla para conocer a Carmen y Luis, los protagonistas de otra de las novedades de la región. Uva de Vida es un proyecto familiar que se incorpora a la Denominación de Origen toledana en el cual Carmen ha concebido una filosofía de vida encarnada en vinos que capturan la vitalidad y la energía de un viñedo cultivado según los principios de la agricultura biodinámica. En este proyecto, la biodinámica no es simplemente un método, sino un medio para alcanzar un objetivo más amplio. En la viña, se respeta el delicado equilibrio del ecosistema, fomentando la biodiversidad que da lugar a una explosión de flores e insectos. En esta misma finca, conviven un olivar y un prado donde pasta ganado, todo en una simbiosis perfecta que refleja la interconexión de la vida.
Pasear por las 13 hectáreas de viña es digno de experimentar. La vida emerge de cada metro cuadrado de suelo. Las hierbas aromáticas que nacen entre las cepas, los árboles que rompen la monotonía del viñedo y el baile de insectos y pájaros que no paran de ir de acá para allá son una buena muestra de lo que Carmen ha conseguido con la aplicación de un sentido biodinámico de la viticultura. Las variedades que trabajan son Tempranillo y Graciano, y en sus elaboraciones tratan de expresar con cercanía la vitalidad que emana del suelo vivo y brota a través de la cosecha. Esa manera de entender la viña completamente diferente desde el equilibrio con el entorno es lo que transmiten sus vinos, enriqueciendo así la Denominación de Origen Méntrida.

Quién fuera toledano
Entre todas las novedades desveladas de la D.O.P. Méntrida no debemos dejar de nombrar una que es fundamental para el desarrollo del sector vitícola y cultural de la comarca: la Ruta del Vino de Méntrida. Un proyecto que se ha ido desarrollando en los últimos años y que hoy cuenta con unos 40 socios entre municipios, bodegas, alojamientos y restauración. Un número de socios nada despreciable que en los próximos meses irá aumentando por la buena acogida que está teniendo por parte del público. El objetivo principal es dinamizar la economía de proximidad y favorecer el conocimiento de una tierra de extraordinaria riqueza histórica, cultural y gastronómica.
Aunque pueda parecer mentira, en el corazón de la apacible Denominación de Origen Méntrida, donde los viñedos, como ya hemos visto, aguantan estoicos el paso del tiempo, los secretos del vino se entrelazan con la historia y la naturaleza, desplegándose ante los ojos del viajero un mundo de ensueño. Es aquí, en esta tierra bendecida por la generosidad del entorno y la mano experta del aguerrido viticultor, donde la Ruta del Vino de Méntrida emerge como un peregrinaje sensorial, una odisea que invita a sumergirse en los matices del paisaje, los aromas de sus vinos y la riqueza cultural de sus municipios, a cada cual más pintoresco.
La Ruta del Vino de Méntrida ofrece a los viajeros una experiencia única que combina la exquisitez de los vinos locales con la belleza natural y el patrimonio histórico de la región. La oferta enoturística de esta ruta es inmensa, pero nos hemos permitido destacar algunos elementos de especial encanto: el espacio natural de la Dehesa Berciana, el río Alberche y su impresionante ribera o las imponentes Barrancas de Burujón.
La Dehesa Berciana es un lugar de una belleza sin igual, donde el paisaje mediterráneo se muestra en todo su esplendor. Este espacio, caracterizado por sus extensos campos verdes y su rica diversidad de flora y fauna, es un inmejorable ejemplo de asociación entre la naturaleza y el ser humano. Caminar por el sendero circular planteado es una opción sin igual para desconectar de la ensordecedora rutina.
El río Alberche, que nace en Ávila y serpentea a lo largo de la ruta, añade un encanto especial al recorrido. Sus tranquilas aguas y sus frondosas riberas ofrecen un remanso de paz y serenidad ideal para relajarse y disfrutar de la naturaleza en su estado más puro entre encinas y enebros.
Por otro lado, las Barrancas de Burujón impresionan con su majestuosidad. Estas formaciones geológicas, esculpidas por la erosión hace nada menos que 25 millones de años, crean un paisaje espectacular que deja sin aliento a quienes las contemplan. Recorrer sus senderos y admirar sus imponentes y escarpadas cárcavas rojizas es una experiencia inolvidable más propia de otros remotos lugares del planeta que complementa perfectamente el recorrido vinícola.
En cuanto a los 14 municipios que forman parte de esta ruta, La Torre de Esteban Hambrán destaca por su famoso Catafalco, que se expone cada mes de noviembre. Este monumento barroco es una obra maestra de la arquitectura funeraria española. Construido en 1753, el Catafalco de La Torre de Esteban Hambrán impresiona por su imponente presencia y su elaborada ornamentación, convirtiéndose en uno de los principales atractivos culturales de la región.
Por su parte, Escalona cautiva para siempre a los visitantes con su impresionante castillo y su coqueta plaza mayor. El Castillo de Escalona, que fue fortaleza romana y después musulmana para posteriormente ser tomada por Alfonso VI de Castilla, domina el horizonte con su imponente presencia y ofrece unas vistas panorámicas espectaculares del municipio y sus alrededores. Por otro lado, la plaza mayor de Escalona es el corazón del pueblo, donde se concentra la vida social y cultural de la localidad.
Además de su riqueza arquitectónica e histórica, Escalona engancha también por poseer una importante tradición literaria, asociada principalmente al famoso personaje del Lazarillo de Tormes. Esta obra maestra de la literatura española, escrita en el siglo XVI, como sabemos narra las aventuras y desventuras de un joven que sirve como guía a diferentes amos, incluyendo al ciego de Escalona. Esta conexión literaria, ubicada precisamente en la plaza del pueblo, añade un atractivo adicional a la visita de este encantador municipio.
Estos tres ejemplos son tan solo una pequeña y orgullosa muestra de las maravillas que nos podemos encontrar en un recorrido por los 14 municipios que hasta la fecha componen la Ruta del Vino de Méntrida. Todo ello complementado con una nutrida oferta de alojamientos y restaurantes que satisfarán las expectativas de cualquier visitante. La Ruta ofrece desde casas rurales encantadoras con historia hasta la relajante opción de un spa u otras posibilidades dedicadas para los más atrevidos en las que el contacto con la naturaleza es completo. Gastronómicamente, sabemos que no nos defraudará gracias a una restauración implicada con el concepto de cercanía, autenticidad y máximo cuidado del producto local.
En definitiva, la Ruta del Vino de Méntrida ofrece una magnífica oportunidad al visitante de experimentar el placer de degustar unos vinos de una singularidad perfectamente definida con la exploración de impresionantes paisajes naturales y la fascinante historia y cultura de los municipios que la conforman. Un viaje que estimulará los sentidos y alimentará el alma, dejando una huella imborrable en todos aquellos que tienen el privilegio de recorrerla mientras piensan con cierta envidia sana: ¡quién fuera toledano!

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