Política sobre cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros, así como los datos de la conexión del usuario para identificarle. Estas cookies serán utilizadas con la finalidad de gestionar el portal, recabar información sobre la utilización del mismo, mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad personalizada relacionada con tus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos y el análisis de tu navegación (por ejemplo, páginas visitadas, consultas realizadas o links visitados).

Puedes configurar o rechazar la utilización de cookies haciendo click en "Configuración e información" o si deseas obtener información detallada sobre cómo utilizamos las cookies, o conocer cómo deshabilitarlas.

Configuración e información Ver Política de Cookies

Mi Vino

Vinos

CERRAR
  • FORMULARIO DE CONTACTO
  • OPUSWINE, S.L. es el responsable del tratamiento de sus datos con la finalidad de enviarles información comercial. No se cederán datos a terceros salvo obligación legal. Puede ejercer su derecho a acceder, rectificar y suprimir estos datos, así como ampliar información sobre otros derechos y protección de datos aquí.

Tiempos Líquidos

5H9U7C1I3G8A7R3P4N7L0M6P5F3I2T.jpg
  • Laura López Altares
  • 2024-02-28 00:00:00

Los sumilleres Diego González y Laura Rodríguez están al frente de este original espacio en Burgos donde el vino se disfruta de una forma muy cercana: sin barra y con cartas vivas y cambiantes que varían casi a diario en busca de la sorpresa constante.


Hacerse líquido  es la intrigante invitación que lanzan los sumilleres Diego González y Laura Rodríguez desde el neón rojo que corona su divertida e íntima wine room en Burgos. En menos de tres meses, Tiempos Líquidos se ha convertido en un punto de encuentro imprescindible para todos los aficionados al vino de la ciudad, que al cruzar sus puertas dejan atrás cualquier idea preconcebida y se atreven a probar etiquetas inusuales y armonías provocadoras, y a viajar por regiones vitivinícolas inesperadas con Laura y Diego como guías. "Desde el primer día vienen muy receptivos, abiertos a probar y con ganas de disfrutar. Y es que este local se ha hecho para eso, para disfrutar del mundo del vino de otra forma", cuentan.
Sus 400 referencias, con más de 20 por copas, van cambiando prácticamente a diario para sorprender a sus visitantes, que están encantados con esta danza de vinos singulares: "La idea es poderlos sacar de su zona de confort, mostrándoles desde esos vinos que llamamos de kilómetro 0 –que, estando en Burgos, serían de Arlanza y Ribera de Duero– hasta llevarlos a cualquier parte del mundo con un vino de Australia, Croacia, Nueva Zelanda, Sudáfrica…", explica Laura Rodríguez.
Del miércoles al domingo, la propuesta varía, y el juego comienza de nuevo en esa carta tan original, flexible y cambiante. En eso consiste "ser líquido"; aunque, para Diego González, el concepto trasciende el mundo del vino para elevarse como una filosofía de vida inspirada por la célebre obra de Zygmunt Bauman que da nombre al local: Tiempos líquidos. "Lo líquido no se fija en el espacio ni se ata al tiempo, se desplaza con facilidad, no es posible detenerlo fácilmente", escribió Bauman.  
Para Diego, esto se hace evidente en el universo del vino, que define como casi infinito: "Después de la pandemia, nos dimos cuenta de que todo es cambiante, de que a todos nos ha transformado de una manera o de otra y de lo importante que es continuar siendo flexibles. Tiene que ver con el cambio de la sociedad sólida a líquida, en cómo nos adaptamos. Desde un punto de vista más profundo, el vino sin duda lo es: no tienen nada que ver los que se elaboraban hace 15-20 años con los que se elaboran a día de hoy. Los de mañana también serán distintos".  
Y así, entre lo volátil del vino y la vida, es como han forjado su identidad: "Queremos que la gente vea este concepto como una parte de nosotros: ser líquidos, flexibles, cercanos".    

Volar barreras
Una de las decisiones más curiosas que han tomado para conseguirlo es hacer desaparecer la barra en su local y, con ella, todas las fronteras que pudiera haber entre la clientela y ellos mismos. "La idea es que no hubiese una barra para que no existiese la distancia habitual con las personas que nos vienen a visitar, que fuera una sensación de hogar, de salón de casa", apunta Diego.
Reconocido por la UAES (Unión de Asociaciones de Sumilleres de España) como Mejor Sumiller de España 2019, confiesa que hacía mucho tiempo que le rondaba la idea de montar un local de vinos en su ciudad. Al más puro estilo Origen –la fascinante y laberíntica película Christopher Nolan–, se fue fraguando dentro de un sueño y otro sueño hasta que acabó cobrando vida el pasado 6 de diciembre.
Diego González seguía así la estela (líquida, por supuesto) de Paco Berciano y Maribé Revilla: "Ellos llevan 35 años enseñando los vinos del mundo a los burgaleses desde su Vinoteca El Lagar [después montarían la reconocida distribuidora Alma Vinos Únicos], y queríamos recoger ese trabajo previo de tantas personas. De momento, la ciudad está respondiendo muy bien: en Burgos la gente sale a disfrutar del vino y hay una parte que quiere más, y Tiempos Líquidos puede ser ese lugar donde encontrar algo diferente. Éramos conscientes de que había un pequeño hueco para un espacio así y por eso también nos atrevimos a dar el paso, ¡pero ha ido hasta mejor de lo que esperábamos!".  
Antes incluso de que naciese este proyecto, el sumiller burgalés tuvo clarísimo que el objetivo sería "acercar el vino de otra manera". Su trayectoria lo ha llevado a restaurantes tan rutilantes como Ambivium, Cobo Evolución o Core by Clare Smyth (Londres), donde se presupone un trato exquisito al vino; pero él buscaba ir más allá, bajar el vino a tierra... y al placer. "No hace falta ir a grandes restaurantes para disfrutar de grandes botellas", defiende. "Nosotros también cuidamos muchísimo la cristalería y los detalles, pero queríamos que todo fuera más sencillo: que cualquiera pudiera cruzar la puerta y dejarse llevar, disfrutar de verdad. En otros ambientes, por circunstancias, igual no sucede tanto. En Tiempos Líquidos explicamos el porqué de las cosas de un modo cercano (contando lo que hay detrás de cada vino: los elaboradores, el entorno, las variedades...), aportando un punto didáctico que creemos que es interesante, pero sin ese lenguaje que en un momento dado ha podido crear una distancia con el cliente".
Laura Rodríguez, Campeona del Copa Jerez España 2023 y exsumiller de Ambivium y Atypikal, comparte esa visión terrenal y quizá con un punto canalla que los locos del vino agradecemos profundamente: "Lo que más me divierte es la sorpresa de nuestros clientes. Vienen con la curiosidad, saben que es diferente porque no tiene barra y es chiquitito. Pero al mostrarles nuestro concepto del mundo del vino se entregan al juego y aprenden muchísimo. Cuando consigues transmitir la pasión por lo que haces, la gente está mucho más receptiva".
La apuesta de Diego y Laura por poner en valor el mundo del vino pasa por un trato muy familiar con el público, tanto que son ellos los que atienden directamente a todo aquel que los visita: "Intentamos explicar qué hace especial a cada vino y eso requiere un tiempo con el cliente. ¡Algunos se han quedado horas charlando con nosotros! También hay gente que repite con cierta asiduidad y nos hace mucha ilusión porque poco a poco se está generando una comunidad. En el mundo del vino, cuando ofreces algo diferente, gusta, igual que pasa en la cocina".

Cartas efímeras
En Tiempos Líquidos, vino y cocina vuelan juntos, aunque desde su sugerente nombre nos anuncian un protagonismo desigual. En la propuesta gastronómica encontramos una parte más "sencilla, reconocible por todos y con un producto muy cuidado (desde un plato de jamón de bellota a un pastrami de black angus)"; y otra "caliente" en la que colaboran con Alberto Molinero, chef de Erre de Roca (Miranda de Ebro), con una estrella Michelin. "Parte de su negocio es La Roca, que da soporte a cocinas. Él nos ayuda y ha entendido muy bien nuestra propuesta. La idea es que si alguien quiere unos callos, unas albóndigas o unos raviolis pueda pedirlos. Pero iremos variando porque queremos que nuestras cartas estén vivas y sean cambiantes", destaca Laura.
Cartas vivas donde vinos todavía más vivos –"de una Caíño Tinto a una Bobal; de un espumoso a un dulce"– son los protagonistas indiscutibles de aperitivos, comidas, cenas... y atractivas experiencias que van desde sus catas temáticas hasta sus Viajes líquidos, armonías que transportan a zonas vitivinícolas remotas.
También albergan apasionantes Encuentros líquidos, "un espacio donde divulgar, comunicar, compartir y disfrutar del mundo del vino" junto a viticultores, enólogos, sumilleres, distribuidores...
Y aún se guardan varios ases líquidos bajo la manga: por ejemplo, una copa negra para catar a ciegas o la posibilidad de que los clientes se lleven los vinos a casa como si fuera una vinoteca.
Con la de ideas que aletean en las cabezas de Diego y Laura, la sorpresa está asegurada, pero "como somos pequeñitos vamos con calma", aseguran. Lo siguiente probablemente será preparar catas de Arlanza y Ribera algunos fines de semana, y por supuesto seguir vibrando con el calambre del vino. "Si tienes la suerte de estar en contacto con las personas que lo elaboran es realmente emocionante, ¡se te ponen los pelos de punta!", comenta Diego. A Laura, ese calambre le llega desde Jerez: "Es mi debilidad. Me quedo con la historia, pero también con el hoy, con el gran trabajo que se está haciendo. Cada vez que descorchamos una botella de La Escribana o De La Riva, a mí me emociona. Es que parece que ya está todo dicho, pero todavía hay camino para sorprender". En el mundo del vino, nunca soltamos el asombro.

enoturismo


gente del vino