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El sorprendente conocimiento sobre el vino de Cayo Plinio (II)

  • Redacción
  • 2001-06-01 00:00:00

Habíamos dejado a nuestro autor con sus inmensos conocimientos sobre el vino, pero no se queda Plinio en una pura descripción empírica de todo lo que tenga que ver con el vino. Va mucho más allá, porque estos conocimientos tienen un complemento teórico, un justo enmarque del papel que ha desempeñado el vino en la consolidación de la cultura humana propiamente dicha, y en su posterior evolución.
Sólo hace falta quedarnos sujetos, casi hipnotizados, por la contundencia y claridad de muchas de sus aseveraciones, que perfilan con nitidez avasalladora una teoría de la cultura pivotando en torno al vino. Y es que el divino licor es para Plinio una clara demarcación de la Naturaleza y la Cultura: “Al vino debemos los hombres solos el beber sin que tengamos sed”. Criterio fuerte si los hay, porque el vino, que nace de la Naturaleza, es capaz, a través del proceso de transformación humana, de trastornar la Naturaleza (la vid) y convertirla en algo cultural (el vino). No bebemos a causa de la sed (proceso biológico natural), sino por el mismo hecho de beber, por el simple placer de los sentidos que nos otorga el vino al deslizarse a través de todos nuestros sentidos.
No es, pues, de extrañar que Homero sitúe el nacimiento del famoso vino pramnio en la región de Syyra, un lugar cercano al templo de la madre de los dioses. Nace cerca del hogar primigenio de los dioses y es quizás por esto por lo que: “Asclepides afirma poderse apenas igualar a los provechos del vino el poder de los dioses”. Arrebata Prometeo el fuego a los dioses y se lo concede a los hombres, y el vino concede a los hombres la igualdad en poder a los hombres, criaturas culturales que empiezan a arrebatar, a barrer el cielo de poderes divinos. Y por ello Plinio nos recuerda: “Porque la vida consta de religión se tiene por maldad sacrificar los dioses con vino de vid no podada”. Engaño humano que en nada tiene que envidiar a las argucias e inteligencia divinas.
La racionalidad de la técnica vitícola desparrama su influencia en un plano abstracto y ayuda a construir un pensamiento científico. No es fácil su elaboración, y Plinio nos ofrece conocimientos de un verdadero ingeniero agrónomo, pues hay vinos que se distinguen según en qué lugar hayan estado las vides: “los collados altos llevan el gaurano, los de cumedio el faustiano y los baxos el falerno”. Y en función de todas estas características se deduce su valor médico, que, en líneas generales, “restaura el vino las fuerzas, sangre y color de los hombres”.
Ha visto, ha comprobado, ha probado vinos, ha contrastado los diferentes vinos y define con precisión sus diferentes clases. De nuestra España dice: “...por su excelencia los de Tarragona y lauronenses, y los de las islas Baleares se comparan con los principales de Italia”.
Pero también existe la parte telúrica del vino: “Hay también en los vinos monstruosidades. Dizen hallarse uno en Arcadia que haze parideras las mugeres y rabia en los hombres”. Mujer, hombre; naturaleza y cultura de nuevo enfrentadas. A ellas es necesario preservarlas de los dones culturales, por eso se cuenta que: “la muger de Mecenio fue muerta de su marido porque bevió vino que sacó de una tinaja”.
Carlos Iglesias

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