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Salud, Don Quijote

  • Redacción
  • 2002-02-01 00:00:00

Nuestra gran obra literaria, El Quijote, no se puede decir que tenga una gran cantidad de referencias explícitas al vino. Sin embargo, tiene, eso sí, unas referencias sustanciosas que nos remiten, por otra parte, a ese dualismo ya clásico entre Sancho Panza y Quijote, pero que en el caso del vino es necesario. Baste citar este texto:
“¿A mí con eso? -dijo Sancho-. No toméis menos sino que se me fuera a mí por alto dar alcance a su conocimiento. ¿No será bueno, señor escudero, que tenga yo un instinto tan grande y tan natural en esto de conocer vinos, que en dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor, y la dura, y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañederas? Pero no hay de qué maravillarse, si tuve en mi linaje por parte de mi padre los dos más excelentes mojones que en luengos años conoció la Mancha; para prueba de lo cual les sucedió lo que ahora diré. Diéronles a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecer del estado, cualidad, bondad o malicia del vino. El uno lo probó con la punta de la lengua; el otro no hizo más de llegarlo a las narices. El primero dijo que aquel vino sabía a hierro; el segundo dijo que más sabía a cordobán. El dueño dijo que la cuba estaba limpia, y que el tal vino no tenía adobo alguno por donde hubiese tomado sabor de hierro ni de cordobán. Con todo eso, los dos famosos mojones se afirmaron en lo que habían dicho. Anduvo el tiempo, vendióse el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en ella una llave pequeña, pendiente de una correa de cordobán. Porque vea vuesa merced si quien viene desta ralea podrá dar su parecer en semejantes causas”.
No cabe la menor discusión, Sancho es un perfecto conocedor de todos los secretos del vino. Un conocimiento que viene ya de lejos, de su linaje paterno, y que llega a reconocer un vino con todas sus complejas y sutiles características. Un conocimiento que hace exclamar a Sancho: “A estas voces volvió Sancho los ojos, como de través, y dijo con otras mayores:
-Por dicha, ¿hásele olvidado a vuestra merced como yo no soy caballero, o quiere que acabe de vomitar las entrañas que me quedaron de anoche? Guárdese su licor con todos los diablos, y déjeme a mí.
Y el acabar de decir esto y el comenzar a beber todo fue uno; mas como al primer trago vio que era agua, no quiso pasar adelante, y rogó a Maritornes que se le trujese de vino... Mas sucedióles otra desgracia, que Sancho la tuvo por la peor de todas, y fue que no tenían vino que beber. Y diciendo esto, se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola, puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y, en acabando de beber, dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro, dijo:
-¡Oh hi de puta, bellaco, y cómo es católico!”

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