Mi Vino

Vinos

CERRAR
  • FORMULARIO DE CONTACTO
  • OPUSWINE, S.L. es el responsable del tratamiento de sus datos con la finalidad de enviarles información comercial. No se cederán datos a terceros salvo obligación legal. Puede ejercer su derecho a acceder, rectificar y suprimir estos datos, así como ampliar información sobre otros derechos y protección de datos aquí.

La actualidad de un clásico

  • Redacción
  • 2010-06-01 00:00:00

Avanza la primavera y con ella el milagro anual de los racimos que medran, generosos, apuntando color, volumen y promesas. Y quienes más los disfrutan son los que, como la centenaria Viña Pomal, contemplan su viñedo en torno a la bodega. Una situación privilegiada y bastante excepcional en Rioja que le garantiza un plus de cuidado y calidad. Haro suena a vino, huele a vino, sabe a vino. Sus cepas atrajeron a los bodegueros franceses que, desesperados, buscaban materia prima para llenar sus barricas cuando sus viñedos quedaron arrasados por la filoxera a principios del pasado siglo. Aquí, en la Rioja Alta, descubrieron uvas excelsas y como trueque sembraron su conocimiento, su estilo tradicional. Así, con esa combinación nació el sabor de Rioja. Uno de los pioneros en la conversión de pura viticultura en vinicultura de altos vuelos fue Santiago de Ugarte Aurrecoechea. Junto a otros emprendedores creó, con el nacimiento del siglo XX, Bodegas Bilbaínas y, cuatro años más tarde, ingenió un vino con carácter borgoñón que merecía bodega propia. Así, de aquel Cepa Borgoña, fechado en 1908, nació la Viña Pomal. El nacimiento de un estilo El sello de identidad, las etiquetas, los diseños de botella, la grafía han ido cambiando, adaptándose a la estética y la legislación o reseñando hitos como convertirse en proveedores de la Casa Real. Así, por acuerdos internacionales desapareció la mención a Borgoña y, en 1930, se incorpora el registro de embotellado. Lleva el número 10 pero, desde entonces, las nueve anteriores han desaparecido, de modo que Viña Pomal ostenta en hoy el registro más antiguo. Pero eso no basta para convertirse en un clásico. Ha sido necesaria la voluntad de mantener un estilo y la tenacidad de mantenerse firmes frente a veleidades y tentaciones. Claro que la base no puede ser más firme. Por un lado, sus valedores, clientes, bebedores fieles a ese gusto, por encima de modas o novedades. Por otro, las profundas raíces de sus cepas que, como reconoce la responsable de Viticultura, Natalia Olarte, han aprendido con el tiempo a autorregularse, a aprovechar con el mejor resultado las reservas de agua en ese pétreo terreno de Rioja Alta, a exponerse u protegerse, según el caso, a los rayos de sol; a defenderse de algún mal viento o una nube baja que deje pasar su muralla protectora, las alturas de Sierra Cantabria, los montes Oberenes. Y lo hacen bajo la mirada vigilante y amorosa de Julio Santamaría, que ya recorría la viña de la mano de su padre, de su abuelo, y ya lleva medio siglo como encargado de campo, de la selección periódica y permanente y de la vendimia. Con esos mimbres, al enólogo, Diego Pinilla, le queda apresurar el proceso para que la uva llegue en perfecto estado, en el mínimo tiempo posible, a sus dominios y allí preservar su esencia para perpetuar inalterable, vendimia tras vendimia, el gusto, la elegancia y la calidad, la memoria imborrable de sus fieles bebedores, la que apreciaba Churchill en Downing Street y que reseñaba la prensa londinense a principios de los años cincuenta. Un gran viñedo propio La bodega se nutre hoy de 250 hectáreas de viñedo propio, uva Tempranillo en pagos de suelos perfectos en una meseta entre el Ebro y el Tirón, bañados por un equilibrado clima entre atlántico, mediterráneo y continental donde aún se conserva la estructura de las viñas viejas, presididas por una caseta, como refugio y guarda de aperos, memoria de tiempos más o menos remotos pero en los que no habían hecho su aparición ni el todoterreno y ni siquiera el tractor. Pero, para un ojo avezado, no puede pasar inadvertida la cuantiosa inversión que la bodega aplica al campo, la imprescindible renovación y los avanzados cuidados. Se plasman en dos vinos inconfundibles por dentro y por fuera. El clásico Viña Pomal Reserva, en botella borgoñona, y el nuevo Viña Pomal Crianza, en botella bordelesa, ambos vestidos con la personal etiqueta recuadrada en rojo y mecidos en maderas que, como una varita mágica, les dan el último toque maestro. Rojo picota el crianza, granate opulento el reserva, de fruta plena el uno y especiado el otro, pero ambos con la frescura que caracteriza a Rioja Alta y el equilibrio y redondez que es sello de la marca. Quien lo probó no lo olvida. VIña Pomal Calle Estación, 3 26200 Haro (La Rioja) Tel. (+34) 941 310 147 www.vinapomal.com vinapomal@vinapomal.com

enoturismo


gente del vino