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Vino, naturaleza y genio humano

  • Redacción
  • 2010-05-01 00:00:00

Primavera de 1914. El joven Manuel Raventós, heredero de 12 generaciones de bodegueros, formado en los avanzados valores de la burguesía catalana, regresa de Francia con más burbujas que pájaros en la cabeza. Quiere hacer su espumoso y para ello busca la tierra, la uva. Encontró un desierto. Hoy es un vergel con la máxima certificación de viticultura sostenible. La bodega está fechada en 1914, pero el sueño del fundador cumple un siglo en esta primavera florida. Y en aquellas tierras de puro desierto, de Cataluña interior lindando con el Aragón de Las Bárdenas, florecieron dos bodegas realmente ejemplares, imagen de la más vanguardista arquitectura de cada época, además de un pueblo nacido a la sombra del castillete y con el nombre de la bodega -Raimat- y un territorio salpicado de lagunillas que en el cambio de temporada se convierten en estación de paso de aves migratorias y en hogar de las que eligieron esta deliciosa paz sedentaria. Félix Fernández, el encargado de la viña, se ocupa con pasión de ficharlas y retratarlas. Y es que, desde su nacimiento, el trabajo de esta bodega se hace en el campo. Dos hitos de la arquitectura El fundador empezó por desalinizar aquel suelo desértico a base de plantación, de chopos y frutales nutridos por el Canal del Ebro que atraviesa la finca. Hoy, como un guiño a su memoria, en el recibidor de la nueva bodega, entre el refulgente mármol travertino del suelo crecen árboles que surgen de pulcros alcornoques y acarician los altos techos. Por fuera, las fachadas de cristal reflejan como un espejo los añosos edificios del primitivo edificio, de 1918. Salió del estudio de un discípulo de Gaudí, el arquitecto Rubió i Bellver, que gozó de plena libertad para ensayar incluso algo tan osado como la primera construcción española de hormigón armado. El contraste entre las alturas, arcadas y vidrieras catedralicias con la modernidad del material y la nitidez de l espacio sin columnas sigue siendo deslumbrante. Ese mismo juego de contrastes se perpetúa en el nuevo edificio construido en 1988 por Domingo Triay. Las sugerencias románicas de Rubió se remontan en Triay al antiguo Egipto plasmado en forma de una pirámide truncada que se mira en la serenidad de un pequeño lago. Además se trata de una pirámide enterrada, ya que sus 90 metros de profundidad y 124 de anchura se difuminan en el paisaje bajo metro y medio de tierra fértil plantada de viña. Abajo, los infinitos corredores de las salas de guarda de barricas unen los dos edificios. La tierra y sus criaturas Arriba, hasta donde se pierde el horizonte que domina el coqueto castillete, refugio familiar, se extiende el primoso viñedo, variedades que fueron experimentales y ya tomaron carta de naturaleza en botella, como la Syrah, la Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Tempranillo... En fin, las que según un estudio de la Universidad de Davis (California) se adaptaban a esta tierra y a vinos de calidad. Pero no está todo dicho y actualmente prosiguen investigaciones (27 simultáneas) con diferentes organismos científicos para mejorar la viticultura y a la vez el territorio. Por eso se mantiene florida la cubierta vegetal entre las hileras o se alterna entre ellas anualmente la circulación de vehículos y tractores para evitar la compactación del suelo. O se controlan las escasas plagas que permite este sano clima sin más que unos lacitos de feromonas para que, a base de confusión sexual, las mariposillas no pongan huevos mientras se desarrolla el fruto. En definitiva, un sinfín de detalles respetuosos que junto con las técnicas mas actuales -GPS, imágenes de satélite- permiten racionalizar al máximo el uso del agua, de los nutrientes naturales, y conocer la fecha idónea de recolección de cada parcelita y cada variedad, aunque así la vendimia se prolongue casi tres meses. El resultado lo conocen los visitantes en la acogedora y silenciosa sala de cata forrada de madera y botellas. La osadía del tapón de rosca para el Chardonnay Viña 27, la innovación de un Albariño 2009 de refrescante acidez, la evolución de las Syrah que mejoran cada vendimia y, por supuesto, los cavas que vieron nacer la marca, ahora enriquecidos por la Pinot Noir y Chardonnay.

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