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Condes de Albarei. Albariño al sol

  • Redacción
  • 2003-12-01 00:00:00

La historia de la bodega corre paralela a la de la D.O. Sus hallazgos y sus éxitos encumbraron los vinos de Rías Baixas, y su equipo y su dotación técnica no se ha dormido en los laureles. Nueva imagen para exhibir una intachable calidad. ubir a Castrelo, a poco que luzca el sol, es un regalo para los sentidos. La verja se abre en una curva empinada, y la casona se muestra de repente en todo su esplendor. Es un edificio sobrio y señorial. Tres pisos de piedra clara, dorada como la piel al sol, coronados por un torreón en terraza. Los balcones se asoman, amplios y curiosos, como una invitación a extasiarse en el horizonte, más allá del repulido jardín, hacia las aguas de la ría que se remansa a sus pies, hacia la amena imagen de Cambados. Desde el porche se aprecia que aquí no se ha escatimado a la hora de favorecer al vino, a quienes lo hacen y a quienes llegan dispuestos a conocerlo y a disfrutarlo. Espacios inmensos, materiales nobles, belleza y eficiencia a partes iguales y una vocación crecedera, muestran a las claras la línea de actuación y de desarrollo incansable de la bodega. Los primeros premios En 1988 un grupo de viticultores del Valle del Salnés concibieron un desarrollo común que pasaba, como no podía ser menos, por la elaboración, embotellado y comercialización. En 1991 su Albariño cosechaba la medalla de Oro en el Challenge du Vin de Burdeos, el primer galardón internacional para un vino blanco español. El premio, el primero de una larga serie, les abrió las puertas del mercado exterior, la exportación a países tan diversos como Alemania, Estados Unidos o Japón. Actualmente, el grupo de viticultores se compone de 375 socios. La empresa no sufre las limitaciones habituales en una región donde impera el minifundio, sino que tiene que superar la dificultad que supone controlar 170 has. en parcelas dispersas, hasta concentrarlas en la vendimia. Una vendimia manual, en cajas de 25 kilos, que se sucede inagotable, 24 horas al día, mientras el tiempo y la uva lo indican, hasta reunir el millón y medio de botellas con que cubren su producción. Aprender, enseñar. El refractómetro y las cuatro básculas hacen horas extraordinarias, y no son más que el último paso del control de calidad de la uva, el que mantiene insomne al enólogo de la casa. Antes, desde mucho antes, los técnicos encargados de campo recorren cada parcela indicando cambios, corrigiendo algún defecto, limitando las ansias productivas del agricultor. Y periódicamente reúnen a los socios para impartir cursos, para analizar innovaciones que mejoren su labor. No hay exámenes, la prueba objetiva es la calidad de sus uvas que se premia hasta alcanzar las 400 antiguas pesetas por kilo o se penaliza, en un abanico de precio que incentiva hacer las cosas bien. El precio se justifica no solo por garantizar la mejor calidad del Albariño, sino por defender el viñedo en esta región costera amenazada por la construcción indiscriminada, por la invasión del turismo. La posición de esta bodega pionera se sustenta, además de en la uva propia, en un equipo humano bien formado y con más de cinco años de experiencia, que ha sabido quebrar el trayecto acomodaticio al que lleva el éxito de la D.O., el glamour del Albariño. Han cambiado incluso la imagen corporativa y el vestido de sus vinos y aguardientes, las esbeltas botellas, las delicadas etiquetas, de modo que refleje lo distinto de sus copas. Sobre Rías Baixas, sobre el Albariño no está dicho todo, ni todo se sabe hasta degustar el Condes de Albarei Enxebre, elaborado con uvas muy maduras de las cepas más viejas, elaborado por maceración carbónica con los racimos enteros. El resultado es de un amarillo dorado, con aroma intenso a manzana, a melocotón, a piña sobre un delicado fondo de flores blancas; glicérico, con cuerpo y complejo y diferente final amargoso. Diferente incluso de su hermano, el Condes de Albarei Carballo, fermentado en barricas de roble gallego donde vive sus primeros cuatro meses de intensa vida, que se revelan, tras los aromas de fruta madura, con notas de crianza, vainilla, especias, coco, para desembocar en un largo, largo paladar. No está todo dicho.

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