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Un nombre emblemático

  • Redacción
  • 2003-10-01 00:00:00

Las 250 has. de viña que rodean la casona manchega, a los pies de la Serranía de Alambra, componen la mayor unidad de producción vitivinícola del mundo. Su vocación de cultivo es histórica, documentada desde el s. XVII, ejemplar desde que el Conde de Casavaliente, el mayor terrateniente de la región manchega, con propiedades que ocupaban 10.000 has., inauguró la plantación en 1857. Desde hace 25 años la restauración, renovación y racionalización del viñedo apostó por los tintos en un mar de blancos de Airén, de modo que en 140 has. crece exclusivamente la Cencibel -la Tempranillo local- y el resto corresponde a Cabernet Sauvignon, Merlot, una de las Pinot Noir más meridionales, y solo una pizca de Airén. En manos de una firma ejemplar y experimentada, como es Bodegas y Bebidas, la que fuera una finca agrícola se completó con una bodega capaz de elaborar y criar uva propia. Guadalupe Valdés y Hervé Romat comparten la responsabilidad de las labores enológicas, una responsabilidad que anonadaría a cualquiera menos osado o menos preparado, ya que las cifras son de vértigo. La bodega tiene capacidad para almacenar siete millones de litros, buena parte en 20 gigantescos depósitos refrigerados por placas que ocupan, con sorprendete discreción, las proximidades de la casa, más otros tantos de 50.000 litros en el interior, a los que se suma el vino de guarda reservado en 1.500 barricas -2/3 de roble francés y el resto americano- y el que se redondea en el botellero: 400.000 botellas. Pero el milagro de esta casa es que esas cifras se visten con una estética y con un ritmo humano. La plantación en vaso, hasta lo que la vista alcanza, lo que recorre el río Azuer cuando las lluvias son propicias hasta más allá del horizonte, es un respiro de frescura bajo el inclemente viento Solano estival. Y en el centro, la hermosa casa emblemática de La Mancha, cal y añil, el patio empedrado donde aún parecen resonar los ecos de la trilla o de la esquila, y hasta una capilla de aire colonial que recuerda tiempos de autosuficiencia, de aldea viva donde revolotearon cada domingo, junto a la pila de agua bendita, pañoletas y velos de encaje. De ese pasado quedan los salones, las 15 habitaciones del piso superior, los escudos y las rejerías, mientras que los graneros y los cuartos de labor han ido transformando su función, adecuandose a las necesidades del vino, al reposo y el silencio durante muchos meses. Sólo en tiempo de vendimia se acelera el ritmo, para que en poco más de una hora los racimos pasen sin daño de la cepa a la tolva o a la maceración, cortados a mano según las parcelas, las variedades, las sutiles diferencias de fecha de madurez dentro del microclima -el río y la altura entre 700 y 800 metros- que envuelve misericordioso toda la finca. El resultado son blancos y rosados jóvenes, fragantes y frescos, pero sobre todo, la línea de tintos Casa de la Viña, el 2002 de explosivo color picota y sabor frutal, el criado en barrica que conserva la viveza de los rebordes violetas pero se expresa con un raro equilibrio de taninos y dulzuras, y el vendimia seleccionada, profundo, potente, carnoso y elegante, con un guiño especiado. Medios, conocimiento y ganas les sobran. Uvas, pueden elegir. No es raro que en cada vendimia se superen. Casa de la Viña Ctra de La Solana a Infantes, Km. 15 13248 Alhambra (Ciudad Real) Tel. 926 696 044 Fax 926 696 068 www.byb.es

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