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Ríos de Vino II. El GUADIANA

  • Ana Lorente
  • 2007-09-01 00:00:00

En La Mancha, las Lagunas de Ruidera son visión tan fantástica que Cervantes las convirtió en náyades. En Extremadura, remansado por presas, el río regala a esta región interior el mayor perímetro de costa de España. Y como un milagro, sus aguas se convierten en vino: Valdepeñas, Mancha, Tierra de Castilla, Ribera del Guadiana, y algunos de los mejores Vinos de Pago españoles. Guadiana El enigma del río, el enigma del vino El Guadiana siempre fue rarito, con su juego del escondite, con su complejo de eclipse, pero ahora, a simple vista, parece urgente tomar medidas para evitar que un día no muy lejano desaparezca del todo, convertido en granos de maíz, en uva de regadío para vinos excelentes o excedentes, o en cloaca urbana. El aumento incontrolado de cultivos y pozos, y la carencia de depuradoras en las urbes ribereñas, cada vez más pobladas, es una amenaza creciente.Lo que ha mejorado estrastosféricamente en sus orillas es la calidad de las bodegas y las ofertas de enoturismo a uno y otro lado de la frontera. Pasen y vean… El río Pinilla que vierte en la laguna Blanca es el brazo más largo de donde procede el Guadiana. Nace en un charquito en El Guijoso, la finca albacetense de Sánchez Muliterno, en El Bonillo, que tiene 3.000 has. , de las que 100 se dedican a la viña que supervisa el enólogo Paco Granados. La viña 8 está justo detrás de la casa familiar, lindando con la verja del cuidado jardín, pero son dos mundos diferentes. Verde césped en torno al laguito y piedra redonda y brutal -bolos de sílice- bajo las cepas en espaldera que este verano, tras la lluviosa primavera, estaban tan frondosas como manzanos . Mas allá tienen 100 hileras de variedades experimentales , seleccionadas por Richard Smart, en convenio con la Universidad de Castilla La Mancha. El famoso director de campo las seleccionó en un estudio comparativo global homoclimático y de suelo. Una ya ha dado inmejorables resultados y ha sido aprobada en la zona, la Viognier, algunas se arrancaron, y otras ocho están en estudio. Frente a la casa, un navajo, abrevadero natural de ovejas, se convirtió en romántico estanque rodeado de sauces y estatuas, como las de los dos manchegos mitos de la casa, Quevedo y Cervantes. De hecho, en el salón grande de la chimenea Juan Muliterno guarda una valiosa y creciente colección de ediciones de El Quijote. Su hijo, el director de la bodega, ocupa la vecina Casa Grande, a 963 m. de altitud, en la penumbra, con el aire acondicionado que requiere un día de canícula manchega. Pero el termómetro recuerda que esa noche la temperatura exterior bajó a12º C, diferencias que, controladas como el stress hídrico y un puñado de variables mediante sensores palmo a palmo, son las que engordan la piel de la uva y proveen al vino de color y calidad, como la del Magnificus 04 del que elaboraron solo 5.000 botellas, un coupage elegido en cata de las mejores barricas. El vino ocupa desde el aperitivo al postre, en un helado de la Syrah de la casa que elabora para ellos un heladero artesanal de Albacete. Agua que ocurre y agua ardiente Los charcos o estanques donde rompe el río se llaman zambullones, y hay varios en la finca que se recuperaron la pasada primavera pero que ya están secos. “Aquí el agua es un acontecimiento”. Los que son un hecho son los conejos que hay que atrapar con red en los majanos, los enormes tambores de piedra donde hacen sus madrigueras, y enviarlos para repoblar otras fincas, para evitar que se coman los sembrados y los brotes de vid. Una vid que sin duda se empapa de este olor a tomillo, a jara y lavanda de la que en los alrededores hay campos inmensos floridos. El agua es, en verdad, un acontecimiento, cada vez menos frecuente, en las Lagunas de Ruidera que El Quijote explica que son las siete hijas de la dueña Ruidera, convertidas en lagunas por el mago Merlín y rebosantes de sus lágrimas que vierten en escalones de una a otra, en un paisaje sorprendente, y aun más en la árida llanura manchega. Ya no hay cascadas, pero este año las pozas están bastante llenas, del color de la turquesa al azul marino, como las profundas y trasparentes calas del Mediterráneo. La altura de las aguas va creciendo desde el primer charco verdoso hasta el último escalón, la playa de canoas en torno al chiringuito La Salvadora, a la laguna Colgada y, más abajo, en el embalse al pie del Castillo de Peñarroya. Sobre el río se alza la bodega Montalvo Wilmot, que a pie de carretera vende vinos y quesos. Y después nada, ni una gota. El río desaparece hasta las Tablas de Daimiel, y durante siglos se discutió si era el mismo río. Pero la vida sigue arriba En Socuéllamos vive y goza de buena salud Alvisa. Una alcoholera, como esta gigante manchega, es un sofisticado cementerio del vino, un crematorio donde su cuerpo se transfigura en alma, en espíritu del vino, el alcohol mas básico y puro, o más o menos acabado y madurado en madera. Alvisa ha recorrido una ajetreado periplo empresarial. Perteneció a Rumasa, después a la multinacional japonesa Suntori que sembró una eficaz tecnología, y desde 2005 pasó a un potente grupo ruso que elabora para su país brandy y alcoholes más prestigiosos y caros que el popular Vodka. Denis Bublikov, el gerente, es un experto conocedor del panorama mundial de los alcoholes, capaz de citar de memoria las cifras de su destino creciente como producto acabado a países de economía emergente como Corea, China o Rusia, las de venta histórica a Portugal para encabezar Portos, o a Francia para envejecer como brandies que después exportan a países terceros vestidos con el prestigio francés. Fernando Velasco hace 11 años que se ocupa de la dirección técnica, y le apasiona cuidar esos 6 millones de litros que duermen en los depósitos, que se alzan sobre piscinas, siempre regados por fuera con agua para evitar el peligro de incendio, o en los 12 tinos de madera de 50.000 litros, o en la gigantesca sala de barricas, apiladas en seis escalas, donde preparan los encargos para distintos clientes, con guarda que va desde 6 meses a 12 años, y que entregan lista para caracterizar y embotellar. Destilan con columnas continuas para gran volumen y con alambiques y alquitaras para destilaciones sucesivas -vino/brulé/holanda- con las que se obtiene la mejor calidad. La destilación es el final obligatorio anual de la cuarta parte del vino manchego. Más aún, cada 3 ó 4 años, los elaboradores solicitan una destilación extraordinaria para vaciar sus depósitos y poder recibir la siguiente vendimia. Fernando desea que las bodegas le hagan llegar el vino reciente, para atrapar los aromas primarios, pero los trámites burocráticos tanto de bodega como de Administración retrasan la entrega incluso más de un año. Antes se destilaban solo vinos blancos, pero cada vez van a parar a alcohol más tintos, con el problema de que, por los compuestos que le confieren color, produce más metanol que los blancos. Muy cerca y más grande es Tomelloso, paradigma del poblachón manchego, desparramado por la llanura y sin más verde que los cuadraditos que atrapan las verjas domésticas o el raquítico pinar que flanquea la ermita de la Virgen de las Viñas, única en su género, rodeada de tinos cerámicos convertidos en soporte publicitario de empresas constructoras, suministradores industriales, fontaneros y bares. Reja cerrada con un cartel que reza (es el único que reza) «Por motivos de seguridad permanecerá cerrada. Buscar a Patricia la Santera». Y nos quedamos con la curiosidad de quién será la santera porque no hay un teléfono, ni dirección, ni pista alguna. Mas allá, en el tópico mar de viñas apenas asoma en el horizonte alguna sombra junto a los almacenillos de aperos o los pozos de cada parcela, los que se beben el esquilmado acuífero 23 y el agua que debería correr en el Guadiana. Arenales de San Gregorio tiene un parque de árboles añosos que están vallando como un patio de prisión, eso sí, sembrado de césped, del que necesita riego a manta. Al lado, Ricardo Graña, un médico de Madrid, se convirtió en vinatero y en manchego al crear Vitis Terrarum, una caprichosa bodega rodeada de Cabernet Sauvignon, el que nutre sus vinos junto con el tempranillo de otra finca vecina. También han plantado olivos de la mejor variedad local, la Cornicabra, para fundir bodega y almazara. Ricardo es puntilloso. La bodega es linda, reluciente, generosamente dotada y sobredimensionada, puesto que después de construida, decidieron elaborar la mitad de lo previsto y convertirla en un “taller para diseñar vinos”. El lujo y la seguridad de calidad es la tierra, como arena, que arriba quema y abajo siempre está fresca, y la sala de barricas climatizada, con robles muy porosos “ya ves, todas la barricas se salen” para favorecer la microoxigenación. El resto, la elaboración, las fermentaciones, dicen que se hacen solas. El clima ayuda, y después de un año de madera y otro de botella sale el segundo vino más caro de La Mancha, calificado con 97 puntos por Parker, lo que les abrió las puertas para exportar a su primer cliente, Estados Unidos. Noticia del vino manchego En su Viaje por Tierras de Castilla, de principios del S. XIX, Ford concluía que los españoles viven en pueblos, por desastrosos que sean, por la misma razón que no viajan, por miedo a los asaltos, a los bandoleros, que asolarían sus casas aisladas. Por eso el campo de este país es tan diferente al de Francia y sus chateaux, a la campiña inglesa de casas nobles o a la dispersión rural norteamericana. La España que baña el Guadiana, desde la Mancha a Extremadura, es ejemplo incontestable de esa visión, es el desierto amarillo de grano, verde claroscuro de dehesas y encinares, verdirrojo de vid, pero siempre desierto. La nueva autopista A43 de Valencia a Extremadura atraviesa aquí el Guadiana, seco, y sus canales utilitarios en las dos márgenes. La bodega Vinícola de Castilla nació en 1976 en manos de Rumasa, y cuando se expropió ya estaba allí Alfonso Monsalve. Su Señorío de Guadianeja supuso la revisión de los blancos manchegos, el “invento” de los jóvenes frescos y afrutados. Alfonso es el super gerente, siempre impecable y trajeado, en su despacho clásico de madera y cuero; pero, como la fuente del jardín se ha estropeado, le indica al mecánico que en el almacén de atrás encontrará un motor de 2 CV. En realidad es el factotum, lo sabe todo y a su buena y crítica cabeza ha sumado la experiencia, eficaz como la propia bodega, capaz para elaborar 15 millones de litros, y de exportar sus siete marcas a 30 países. La comercialización media es de seis millones de botellas, por debajo de las necesidades de esta tierra prolífica. Por eso le desespera la legislación “abundantemente innecesaria”, y las campañas fallidas para educar a beber y a apreciar el vino. Esa, un fomento responsable, es en su criterio la única salida del descenso de consumo. Tablas de Daimiel Si sobra vino, en compensación, falta agua. La sobreexplotación hasta la casi extenuación del Acuífero 23, las presas sucesivas y la condición de colector de residuos sin depuradoras urbanas, acaban no solo con el equilibrio hídrico natural sino directamente con el agua que el río debería verter en el mar. Las tablas de Daimiel, que se forman por el desparrame en tierra llana de las aguas del Guadiana y el Cigüela, son un ecosistema prodigioso que da cobijo a sorprendente flora y fauna, refugio secular de aves migratorias, y hogar de muchas especies amenazadas de patos y garzas. Como tal, fue declaradoReserva de la Biosfera en 1981. Pero de las 1.750 has. que se pueden inundar, esta primavera (excepcionalmente lluviosa) no quedaba agua más que sobre 17 de ellas, de modo que hubo que aplicar un trasvase de socorro del Tajo/Segura que ha conseguido ampliar durante el mes de junio y julio la lámina de agua a 360 has. Y quizá salvar por los pelos una gran extensión de masiega, la original planta que puebla esta agua, y del marjal poblado de juncos, eneas, carrizos. Con ese panorama la visita es amena, bien por los tres caminos peatonales, balizados y preservados con pasarelas de madera, o como excursión guiada en vehículos todo terreno. Los colores del cielo en el agua y los brillos de la hierba crean un mudable y hermoso panorama a cualquier hora del día. Para disfrutar de las aves lo más seguro es acudir en silencio al punto de observación sobre la laguna de cría y aclimatación, preservada con una techumbre de red, donde habita una vida bulliciosa y juguetona. Es conveniente que también las visitas se preserven de sus depredadores naturales, los mosquitos, con ropa o repelentes. Mas allá de las ondulaciones de cereal, verdes o amarillas según la época, una arcada a la orilla de la carretera señala Casa del Blanco. Aunque nadie sabe de donde le viene el nombre, la finca de 1.000 has. debería pasar a llamarse Casa del Tinto, desde que Joaquín Sánchez -el propietario-, su hijo -encargado de campo-, Antonio Merino -el director técnico-, y la familia en pleno están reconvirtiendo la viña y plantando 150 has. para hacer realidad su sueño de un vino de Pago, con conciencia ecológica, alimentadas lo justo con pozos de agua y con abono de sirle (estiércol de oveja) y orujo. Antonio ha llegado al mundo del vino desde la química, como farmacéutico, pero se siente cómodo en sus zapatos de campo y en su camisa a cuadros de campesino canadiense, tanto que su lenguaje rebosa felicidad y calma, la convicción de que atrás quedaron las prisas urbanitas. La primera cosecha “en serio” fue la de 2004, pero mucho antes venían haciendo probatinas de barricas y tostados. En el tamaño y dotación del laboratorio, tan grande como la sala de embotellado, se nota que este es su tema, donde reúne datos (exactamente 16 parámetros) sobre las 12 variedades de uva que controla Joaquín hijo, y su resultado en cada tierra, cada pago, cada año climático. Aunque se extiende en torno a un típico patio manchego, el aspecto de caserío de la flamante bodega se hace aún más palpable en la gran la sala de barricas vaporizada, subterránea pero enmarcada en una galería con barandilla de buen roble pulido, con la nobleza que da la madera, algo que se repite en las zonas sociales entre chimeneas y trofeos de caza. Es la estética que se repite en casi todas las bodegas y establecimientos de alto nivel, con más o menos lujo o discreción, por eso llama la atención el aspecto original, vanguardista, del hotel que creó y regenta un visionario artista como Eugenio Bermejo, en un entorno tan perdido como Ballesteros de Calatrava. Un edificio agrícola e industrial de ladrillo rojo, restaurado a capricho, donde cada rincón es un juguete para la vista, y cada servicio un placer para todos los sentidos, exposiciones para los ojos, conciertos para el oído, restaurante para el gusto, piedra, maderas y telas preciosas para el tacto, flores y hierbas aromáticas para el olfato y, como guinda, para celebrarlo todo, una bodega propia, Amadís de Gaula, que comparte con otros hosteleros de la zona como Juan García Elvira de El Corregidor, de el vecino Almagro. Igual que en un escenario Almagro es el pueblo más atractivo, cuidado y famoso del entorno. Su corral de comedias y el festival internacional de teatro que anualmente ocupa plazas y escenarios ha reverdecido su floreciente pasado de palacios renacentistas, y el pueblo se restaura y revive edificios como la Universidad. La pujanza del turismo se hace sentir en la belleza de calles y plazas, en la pulcritud de cada rincón, en el mimo con que las viejas casonas se trasforman en hotelitos y casas rurales y en la oferta gastronómica. Juan García Elvira , con su restaurante y magnífica bodega de El Corregidor y la coqueta Casa del Rector es uno de los puntales históricos de esta ejemplar evolución. Las recién llegadas son Carmen y Teresa Barrajón, que han convertido la casa de sus antepasados en Casa de los Caballeros, en torno a un delicioso patio entoldado poblado de recuerdos personales, memoria que transporta a otro tiempo. La bodega de Dioniso Nova en Valdepeñas es también el modelo de una historia que se extingue, de cuando en el pueblo casa y bodega aquí eran la misma cosa. Los gigantes, sobre todo Félix Solís y Los Llanos han marcado la política agraria e industrial de concentración, de monocultivo, y casi de monopolio, de modo que las demás del entorno van desapareciendo. Dionisio es ingeniero técnico agrícola, y su resistencia se basa en una forma personal de mirar la tierra y el vino, en la biodinámica predicada por Rudolf Steiner y Xavier Florín (www.elrelojcosmico.com), de la que aquí aplica la línea biocósmica. “La influencia de los astros conocida desde tiempo inmemorial por todas las culturas agrarias, hoy, con más conocimiento, se confirma que los líquidos y los seres vivos que de ellos se componen se mueven al compás de la luna.” De modo que aquí se fermenta el vino y el compost en los días más activos, en creciente, y hacen vinos regidos por el fuego, el agua, la tierra o el aire. Así nació Ego, regido por mercurio, que afecta a las plantas móviles, como la vid y sus zarcillos. Y así, tal como analiza el funcionamieto de la planta desde las raíces sigue la norma en cada paso, en las barricas en la cueva subterránea bajo el patio, en la vinagrería y hasta en la casa rural de las afueras, donde viven sus dos caballos de paseo y su nuevo potrillo. Los Mejía en la bodega Corcovo han optado por preservar la tradición local, la fresca cueva excavada a 12 metros, y el recuerdo de las viejas prensas y aperos. Arúspide es otro estilo de la resistencia en Valdepeñas, algo mayor, formada por 35 socios, y más empresarial. José Sánchez Barba es el enólogo, entusiasta inagotable, que elige de entre sus socios y otros proveedores la uva de cepas en vaso que no dan más de 2 kilos, excepto la Syrah, para la marca Landó, que crece en espaldera. Para preservar la fruta defiende la madera más delicada, barricas de 500 litros y disfruta experimentando con distintas maderas y tuestes, hasta resolver el dilema en la mesa de cata con un equilibrado coupage directamente en la copa. En su pasión, podría hacerlo incluso mientras almuerza, en la mesa de La Aguzadera, el restaurante típico de las afueras con una surtida bodega local, bien conservada, refrigerada, tras los cristales aislantes. Frente a Arúspide está el Museo del Vino, muy atractivo para los visitantes foráneos pero dedicado sobre todo a la formación de los estudiantes, a mostrarles de forma amena lo que ha sido la economía, el trabajo y la fuente de cultura y tradición en la villa. Los chavales, por supuesto, no catan ni degustan pero conocen una bodega auténtica y, paso a paso, todo lo que influye en el vino, desde la tierra hasta el comercio. La visita vale la pena. El comedor de Bodega Real tiene aire vanguardista. Está envuelto en una cristalera, asomado a un patio blanco, cegador, en torno a una fuente. Un humbráculo, obra de García Pedrosa, el Arquitecto del Teatro Real de Madrid. En el pasado fue venta de camino real y ahora preside una espectacular finca sobre el pantano del río Jabalón, y conserva su vocación trasformada en enoturismo. Por su ubicación, por el ameno camino rozando el agua, y por la limpia arquitectura, es un codiciado escenario de bodas y celebraciones concertadas, además de comedor abierto a las visitas que acuden a ver cómo se hace el Vega Ibor, el Palacio de Ibor y el Marisanchez, los vinos vestidos con la inconfundible perdiz tan abundante en esta tierra. Ejemplos de enoturismo Claro que como ejemplo de enoturismo nada más completo que Pago del Vicario, la obra de los hermanos Barco, con un precioso hotel abrazado por una curva del río. Al frente, desde la concepción, está la enóloga Susana López; y Richard Smart asesora sobre el viñedo, tan cerca de la bodega que la uva, vendimiada de noche, se pone en el lagar antes de 20 minutos. El control del campo es exhaustivo, por fotos de satélite, por sensores y estación climática, pero el tratamiento es muy respetuoso y ecológico, los riegos, los bichitos, la energía... También la bodega, impresionante con su aspecto de catalejo gigante, es ante todo, eficaz, desde la entrada de uva en cajas, por un lado, hasta el servicio en la copa del restaurante en el otro extremo, para acompañar lo que cocina el chef Alfonso Merlo. Los Barco son agricultores de toda la vida y si bien lo más visible de este iceberg es el confortable hotel, detrás hay una finca inmensa y casi autosuficiente que solo el encargado, Paco Hervás, conoce a fondo, con coto de caza, ermita, ruinas iberas, 3.500 ovejas, y una pulcra quesería en una bella casona rústica, bajo el castillo de Villadiego, documentada desde 1840, donde elaboran unos 40 quesos al día, cantidad que se va a multiplicar por 10 al acabar la actual ampliación. Smart asesora también otras viñas cerca de los Montes de Toledo, como Dehesa del Carrizal y Vallegarcía, creada desde la base pero que ya ha cumplido 12 años. Vallegarcía era finca de caza de Alfonso XI, apenas poblada por osos y jabalíes, y se conserva milagrosamente aislada y rodeada de pura naturaleza, aun después de que la comprara Alfonso Cortina en el 95, siguiendo el ejemplo de su amigo y vecino el Marqués de Griñón. La carretera recta entre las viñas es como una flecha que lleva al sobrio edificio, una mastaba de roja piedra, orlada al fondo por el arco de los montes. Huele a romero y bálsamos, las cepas se asientan sobre pedruscos del tamaño de cabezas, y una cuadrilla de chicas con conocimiento y hábiles manos van colocando cada rama de vid en su alambre de la espaldera a lo largo de las hileras, como en un primoroso bordado, según el método Smart de asoleo y aireación de los racimos. Ignacio de Miguel rige la elaboración y el vino, que vive aquí envuelto en la elegante imagen de los diseñadores de Casa y Jardín, en salas climatizadas y con salida independiente para evitar cualquier contaminación, en un sofisticado juego de negro y amarillo y con técnicas que incluyen depósitos de doble compuerta, nitrógeno para inertizar y depósitos pequeños para elaborar por separado la Merlot, Viognier, Syrah o Petit Verdot. Igual que se crían en la sala de barricas, húmeda y fresca en su punto. Vallegarcía linda con el Parque Nacional de Cabañeros, vista imprescindible, guiada, en grupos reducidos y respetuosa para no estresar a las rara avis como las águilas imperiales, las cigüeñas negras, los buitres, ciervos y corzos. Conviene llevar prismáticos y una lógica dosis de tiempo y paciencia para esperar las mejores horas en las que se presentará la fauna tímida. El Guadiana y sus afluentes, el Cíjara y el Zújar, se demoran camino de Extremadura en costas recortadas y panoramas deliciosos, en el embalse y palacio de Cíjara, al que se asoman pueblitos encantados como Helechosa, que es también Reserva Nacional; en el agua serena del García Sola, donde asomarse al castillo, restaurar fuerzas en el restaurante, y atravesarlo por el orgulloso puente de la N 430; en el embalse de La Serena en el que se mira Puebla de Alcocer. Quesos y vinos extremeños En la Serena y en todo el sur de Extremadura los pueblos recuerdan a sus herederos coloniales, las fundaciones de los conquistadores extremeños, Cortés y Pizarro, blancos de cal, con las que a veces comparten nombre, con espadañas redondeadas y fachadas blancas con dinteles y marcos dibujados de azul, de amarillo, del rojo de Tierra de Barros. Lo que ha cambiado desde aquel tiempo es la tierra, el regadío que convierte esta zona en la tercera productora de arroz del país. Medellín saluda desde su puente y castillo, Don Benito duerme despersonalizada, y ni un mínimo accidente estorba el horizonte hasta los montecillos tras Castuera, paraíso de los turrones y los quesos y tortas de La Serena. La quesería donde se hace El Porfiao y Pizarral es de Juan Sánchez y sus hermanos. Por la ordeñadora mecánica circular pasan unas 1.000 ovejas de las 5.000 que reúne la familia, donde se alimentan y se ordeñan dos veces al día. Con el suero enriquecen la dieta de los cochinillos de la granja, mientras la pasta cuajada con cardo se convierte en queso y, si el milagro es propicio, en tortas de La Serena, mórbidas, tan delicadas como sabrosas. El edificio es pulcro en la zona de elaboración y las grandes cámaras, pero rústico, sin un atisbo de lujo o estética. Aunque, por supuesto, ya es todo un lujo, comparado con los tiempos que recuerda Juan, cuando ordeñaba como sus antepasados, con candil, y ni siquiera había agua en la finca hasta hace bien poco. En Almendralejo la empresa familiar de Marcelino Díaz se ha disuelto y ahora, independiente, este precursor y defensor de la zona se ha trasladado a una flamante bodega en una nave moderna, al final del polígono de Almendralejo, eso sí, al borde de una verde alfombra de cepas. Es una planta diáfana y climatizada, ajustada para elaborar los Cavas, que el propio Marcelino consiguió oficializar en la zona, y los anteriores Tierra de Barros que ahora han pasado a ser Ribera del Guadiana, la D.O. en la que actúa como Vicepresidente. Yolanda Piñeiro también trabajó muy activamente en la primera directiva y promotora de la D.O. y en la Federación Española del Vino con Álvaro Alvear, hasta que se asociaron para montar Viña Marina. Eligieron una preciosa finca abandonada de 200 has., con un montecillo detrás y con vegetación diversa. Bajo la forma de un sobrio cortijo extremeño, y alrededor de un patio abierto al horizonte, convive un bar de vinos, salón de recepciones con capacidad para 650 invitados y, por supuesto, una eficaz bodega que llevan entre tres mujeres. Yolanda es ingeniera agrónoma, y desde la especialidad se enamoro del vino, tanto que, en cuanto termina su vendimia, visita la de otros amigos, buenos enólogos, en zonas como la Ribera del Duero. Camina a saltitos, como una corza presurosa, y pasa las yemas de los dedos por cualquier superficie, obsesionada por la pulcritud y el orden, algo que se luce en cada rincón de cada nave, todas refrigeradas. Ángel Martínez Payva inauguró la nueva bodega en marzo del año pasado, también con amplios salones y un romántico patio central, es decir instalaciones para fiestas y banquetes. Pero aquí, sobre la alta sala de barricas, funciona a diario, y abierto a las visitas, un cuidado restaurante a cargo del chef Juan Manuel Campos. Ángel es un amante de la naturaleza, conoce palmo a palmo los alrededores, como el recoleto valle de Cornalvo, y aún es capaz de encontrar regalos en el agua escasa. A menudo aparece en bodega con un cubo de cangrejos de río que serán la mejor sugerencia para el almuerzo. En el retel cayó hace unas semanas una tortuga de más de un palmo que ahora vive en la fuente central, mimada por todos. Viene a ser el lema de la casa después de cuatro generaciones de vinateros “poco a poco”. Donde el agua es protagonista es en el vecino balneario de Alange, un coquetón pueblo «belle epoque» encaramado en la ladera a la orilla del río. Aguas termales famosas desde los tiempos romanos, cuando aún no sabían de la radiación ni que el Radón 222 local es el responsable de sanar «los males de los nervios». Desde allí a Palacio Quemado se llega por un dramático y precioso camino de olivos viejos sobre la tierra roja en hileras infinitas. El cortijo era un pueblo de labor, y ahora es la casa familiar de los propietarios, un estilo que se repite en la bodega, confortable, al fondo de la gran finca. Cuando se gestó el proyecto, en 2000, no había en Extremadura nada de este volumen: un millón de litros, todo para crianza, reserva y vino de autor. La bodega está dotada de la más moderna técnica y climatización, pero desde fuera es un cortijo con las ventanas sombreadas con estera, como toda la vida, incluso en las altas cristaleras de la nave de depósitos, semienterrada para preservar la temperatura. La raya de la frontera Olivenza tiene vocación fronteriza o global porque, según los tiempos, estuvo a uno y otro lado de la raya. De ahí que aún en tierra extremeñas inaugure la imagen de cuidada belleza común a las villas portuguesas y, aunque está en obras, luzca blanca, coqueta, amante de las plantas y las flores, y respetuosa con la belleza y con la tradición, lo que le llevó a reunir un Museo Etnológico de Extremadura, interesante y lleno de emoción, en el que con piezas auténticas provistas al principio por los vecinos y después por estamentos culturales se han reproducido con detalle, incluso con los evocadores aromas, una barbería, una tienda de ultramarinos con sobadas pesetas de papel en el cajón, una escuela y, en fin, la imagen de un siglo que se fue y la de la riqueza cultural extremeña. En el centro de la villa, en la calle peatonal, se ha restaurado un edificio para nuevo hotel en el que se ha ubicado el mejor restaurante de siempre, el Alcañices, ahora si cabe mejor y más hermoso. Viñas onduladas flanquean la amena carreterita hasta la frontera, hasta Dehesa Malpica, una preciosa finca con salones de banquetes y comedor en un paisaje de olivos, viña y bosque, de 100 has. que dirige Carlos González. Ponte Ajuda es el paso a Portugal. El puente viejo derruido duerme abajo, y arriba, la ermita blanca, sombreada de higueras, con arcos que, más que un atrio divino, dibujan un acogedor porche humano, un balcón desde el que contemplar el agua mansa, las encinas y la última viña, la que despide España. En un mármol apenas desvastado, una inscripción hermana las dos orillas, Olivenza y Elvas, en donde contemplar su impresionante acueducto de más de 7 kilómetros. El corazón del vino del Alentejo está en Évora, en la sede de un Consejo Regulador que rige 290 marcas de 170 bodegas. Se han sumado 51, y fueron inspeccionadas y admitidas en la promoción Rutas del Vino, es decir, que tienen condiciones para recibir visitas, algunas con restaurante y tres de ellas con alojamiento. El Consejo está céntrico y muy bien montado para cata y muestrario, en un convento restaurado, y son un regalo los comentarios de cata y las pistas de tan buenos conocedores como el Presidente, Joaquim Madera, y Teresa Chicau, que se ocupa del turismo. Descubren con contenida pasión la zona y los vinos, los clásicos blancos de uva Antón Vaz que recuerdan a las frutas tropicales, la Ropeiro, que huele a manzana, la novedad de los recientes rosados, y los tintos de Aragonés (Tempranillo) o un híbrido que adoran: Alicante Bouché. Aunque para degustar el vino en su elemento, es decir, junto a la gastronomía, es mejor dar la vuelta a la esquina, al famoso restaurante Fialho, uno de los mejores clásicos de Portugal, y armonizar su espléndida bodega con tapas (petiscos) de oreja o hígado en vinagreta, intenso queso de Évora, habas con cilantro, un guiso de pescado ensopado sobre rebanadas de pan o cualquiera de sus sopas que en Portugal son menú obligado y constituyen casi un plato fuerte. Y, sin excusa, una dulcería que hace perder el sentido incluso al menos goloso. Las blancas ciudades del Alentejo hay que gozarlas desde primera hora. Évora se despereza como una tía abuela vírgen, con su camisón impoluto aún almidonado, con su moño tirante, sin un cabello suelto. ¿Quién barre los empedrados portugueses antes de que amanezca? ¿Quién pasa el plumero por las volutas de yeso de las portadas? ¿Quién cepilla los faldones negros, los mandiles y los pañolones de las viejas madrugadoras? Aquí los duendes hacen horas extra. El reino de Antón Vaz Hace 30 años el vino de Alentejo en tinaja de barro era de consumo local pero, con el mismo ritmo que se ha producido la revolución vitivinícola española, la mejora de las bodegas las llevó a vender en Lisboa, a exportar, y ahora a recibir inversores foráneos, incluso extranjeros, como los míticos franceses Lafitte. El recorrido enoturístico no puede ser más variopinto. Podría empezar en una cooperativa, la de Vidigueira, de 1960, que no ha cambiando demasiado desde entonces, basada en vino popular. Con sus característicos depósitos, balones encalados para 250.000 litros, con esa forma inconfundible que les valió el apodo de Lollobrígidas, y una línea de embotellado capaz de surtir a hostelería y exportar a todo Brasil. Bien diferente de la moderada Herdade Grande, de Antonio Manuel Lasa, con su nave de elaboración de acero reluciente envuelta en ingeniosos muros de blancas velas, clara, limpia, luminosa pero, ante todo, protegida. El edificio es una sencilla casa de campo de aspecto tradicional pero el interior está climatizado, en salas acristaladas para barricas y botellero y producto acabado, iluminado con luces indirectas. Un estilo revolucionario es el de Herdade do Rocim que ha decorado y dirige Catarina Vieira, de aspecto frágil pero carácter indomable, el hada de Rocim tal como la pintó Silvia Patricio (en nuestra portada). Su familia inauguró la magna obra el pasado mes de mayo, aunque los vinos empezaron a elaborarse antes, y a primera vista se podría adivinar que es obra de un potente holding empresarial, sustentado en campos tan diversos como maquinaria de obras públicas, movimiento de tierra, una famosa librería de Lisboa, un par de periódicos de provincias... Aquí han removido cielo y tierra hasta modelar una finca espectacular de olivo, viña y florecillas “silvestres” -colocadas como en un Renoir-, y un edificio deslumbrante, con escaleras de agua, terrazas para celebraciones multitudinarias, acogedor wine-bar abierto todo el día y una tienda surtida de libros de vino. Espacios amplios, perspectivas fantásticas, materiales y colores insólitos, en fin, tecnificada sin escatimar, y tan innovadora como los vinos que supervisa esta exigente ingeniera agrónoma, enamorada de la viña, el campo y la paz del Alentejo, y capaz de hablar de todos y cada uno de los fabricantes míticos de barricas franceses como si fueran de la familia. Manuel Manzaneque Hay que tener paciencia Comenzó su peregrinaje por la bodega en el año 2002, aunque ya desde pequeño cambiaba los viajes escolares por las tijeras de podar. Ya con 14 años lo tenía claro. Su meta no era, y es, hacer el mejor vino, sino el más personal. Reconoce que la parte más complicada del proyecto es ajustar el precio a la calidad obtenida. El público no sabe lo que eso supone. La parte más positiva, la oportunidad que le brinda el negocio familiar de estar en todos los tramos del negocio: enólogo, viticultor, comercial, tonelero, electricista... Admira La Mancha, su naturaleza, el patrimonio paisajístico, cree que es “El Dorado de Europa”. Y, los nuevos proyectos, bien entendidos, como Dominio de Valdepusa, Finca Sandoval… o de grandes firmas como Finca Antigua, Leganza y Alejandro Fernández, por ejemplo, son fruto de ese sueño. A Manuel le preocupa la euforia despertada entre ciertos bodegueros. Muchos se malician de ser mejores que los de La Rioja o la Ribera del Duero cuando, apicando la virtud de la modestia deberían recordar que Castilla-La Mancha arrastra una historia negra de vinos mediocres que hace falta lavar. No basta con buscar el mejor director comercial o campaña de marketing que lo comunique, lo que, por cierto, nunca sobra, pero hay que centrarse sobre todo en las inversiones de campo. Todavía no se ha inventado mejor forma de afianzar la calidad de un vino a largo plazo. Al final, el mercado se regula solo, aunque el proceso necesite de buenas dosis de paciencia. Los grandes bodegueros saben que éste oficio no está concebido para ganar dinero a corto plazo. Vinos de pago La mención “Vino de Pago” -creada el 19 de julio de 2.003-, trata de diferenciar aquellos pagos más singulares. Sus aspirantes, hasta ahora cuatro (Finca Élez, Dominio de Valdepusa, Pago Guijoso y Dehesa del Carrizal) han demostrado tener todos los requisitos exigidos. Entre estos requisitos, los más destacados son la elaboración de vinos con viña propia cercana a la bodega de elaboración; también haber demostrado, durante al menos cinco años, su calidad en el mercado. Aunque algunos consumidores sitúan a éstos vinos en una supuesta cumbre de la pirámide la calidad, no siempre es así. A estos vinos se les exige, sobre todo, que sean el fiel reflejo de la personalidad de su finca, lo que no significa que tengan que ser mejores que, digamos, un Vega Sicilia o un Pingus. Su razón de ser es su singularidad. Al margen de su legislación, la mención “Pago” a menudo induce a una de las confusiones más comunes entre los consumidores. Porque no todo vale. En principio hay tres usos bien diferenciados: Pago Vitícola, que es una bodega rodeada de un viñedo en propiedad en el que se dan cabida desde los vinos de mesa hasta los vinos con D.O.; Vino de Pago, del que estamos hablando; y un tercer uso, cuando forma parte de la marca y está incluida en la etiqueta, como Pago de Carraovejas, Pago de los Capellanes, etc. La confusión está servida porque puede realmente proceder de un «pago» o no. Y, lo más importante, en este caso la palabra pago no ampara necesariamente la calidad. Desde julio de 2003 ya no se puede poner la mención «pago» a un vino si no se atiene a los requisitos reglamentados. La nueva Ley del Vino, ha desestimado la función que hasta ahora desempeñanan los consejos reguladores para calificar los vinos. Era una situación extraña, como ser el auditor y el auditado a un tiempo. Ahora son empresas independientes (en Castilla-La Mancha hay tres) las encargadas de la cata organoléptica, el análisis físico-químico y el análisis de trazabilidad. Alfonso Monsalve vender mejor las virtudes del vino Alfonso Monsalve, consejero delegado de Vinícola de Castilla, ya estaba aquí en 1982, antes de que la bodega fuera expropiada por Rumasa en 1983. Es el séptimo gerente, y desde entonces ha vivido todos los cambios de la bodega, desde la apuesta tecnologica, que hizo furor por aquel entonces con los vinos jóvenes muy afrutados, hasta su expansión internacional. Con la calidad siempre por delante, aunque reconoce que en la zona es difícil liberarse de la etiqueta de “cantidad”. Y es que el 60% del vino que se elabora en Castilla La Mancha es de las cooperativas. Vinícola de Castilla sólo elabora unos seis millones de litros al año. Para esta añada, que se prevé muy abundante, ya han quitado más de las 2/3 partes de la uva. Si no se puede vender lo que se elabora, para qué producir más. Los datos no mienten, y en 17 años el consumo ha bajado hasta la mitad, unos 23-24 litros por habitante y año. Lo increíble del asunto es que después de ganar la ley anti-alcohol -o eso es lo que se creen, porque al final al consumidor le han quedado secuelas de que algo malo tiene el vino- el consumo sigue bajando. Hay infinidad de estudios que demuestran sus beneficios con un consumo racional. Aún así queda un misterio por resolver. Algo se está haciendo mal en la política de comunicación de la Administración: el consumo del vino ha bajado pero el del alcohol ha subido. Alfonso Monsalve nos hacía referencia, con envidia, a un estudio que descubría que “entre las 14.000 marcas existentes en el mercado, la más conocida por el público era Roca” (los sanitarios). Según él, en Castilla lo que hacen falta son diez o quince «rocas», marcas de vino líderes que tiren del carro, que se consoliden para abrir fronteras. Con la calidad como factor principal y las distintas administraciones contribuyendo a su comercialización e imagen, muchos problemas estarían resueltos. Y, por supuesto, con un mensaje claro al consumidor. La Mancha, el puzzle infinito No hay duda de que la extensión de viñedo en La Mancha es la mayor del mundo, unas 564.739 has. (datos de 2005) de 1.149.749 totales en España. De este total, unas 377.206 viñas están en secano (en el típico vaso), y el resto en regadío. Cada año aumenta la implantación de sistemas de riego por goteo pues es una forma de ayudar al viñedo en su momento de estrés hídrico. Esta técnica de algún modo regulará en el futuro las producciones, evitando las oscilaciones del secano. Respecto a las variedades, de todos es sabido que la gran dominadora ha sido la blanca Airén. Su destronamiento parece inminente, se sustituyen viñas blancas por tintas, principalmente Cencibel (o Tempranillo). Pero además de estas dos clásicas uvas, las bodegas buscan otras castas que den juego, que enriquezcan las mezclas con recursos naturales, es decir, acidez y aromas. En blancas se apuesta por la Chardonnay, la Sauvignon Blanc, la Verdejo o la Moscatel. Todas muy interesantes aromáticamente pero con paladares muy caídos debido a su escasa «frescura». En tintas se posiciona como indiscutible la Syrah. Es la mejor adaptada. Otras, como la Cabernet o la Merlot, expresan su lado más oscuro: las pirazinas (aromas verdes) aunque hay quien sortea bien el problema. Sin embargo, resultan más estimulantes, desde el punto de vista económico, pues producen alta acidez natural, variedades como el Petit Verdot o el Graciano. En los sistemas de conducción predomina la espaldera y no por aumentar la irradiación solar, pues precisamente sol no es lo que falta en Castilla-La Mancha, sino para suplir la falta de mano de obra en el campo con la mecanización. Bien es cierto que las modernas maquinarias de vendimia son cada vez más respetuosas. Pero la gran revolución en La Mancha vinene de las grandes bodegas de grupos inversores: aseguradoras, constructoras, médicos, personajes famosos e incluso bodegueros de otras zonas prestigiosas. Todos quieren ser partícipes del fenómeno manchego. Pero como empresarios que son pretenden resultados rápidos, algo que precisamente alguien debería haberles explicado antes. Si se hacen bien los deberes, una bodega empieza a ser rentable a partir de los ocho o diez años. Por ahora, y ésta es la parte positiva, todo el mundo parece empujar en la misma dirección: la calidad. Ciertamente casi todas tienen un objetivo en común con vistas al futuro, formar una denominación de pago o, incluso, si ello no es posible, agruparse y formar una denominación de origen que se diferencie del resto. Lo que hasta ahora era un océano de vino comienza a diferenciarse en pequeños mares y lagunas, con terrenos empeñados en mostrar su singularidad, su diversidad, microclimas y zonas diferentes. Valdepeñas, a la espera de inversiones Esta veterana región vinícola es, entre todas las denominaciones que engloba Castilla-La Mancha, de las que menos ha prosperado. Aquí lo tradicional ha sido, y todavía lo es, el “clarete”, una mezcla de uvas blancas y tintas (principalmente Tempranillo y Airén) vinificadas conjuntamente. Sin embargo, el afán de superación de las escasas bodegas que subsisten ha dado un giro de tuerca al estilo popular, apostando por los tintos de calidad. El contenido ha cambiado mucho, los vinos exhiben un aspecto más coloreado, con mayor refinamiento y nobleza de las maderas, y un paladar más frutal. En definitiva, están muy apetitosos. Pero, ¿qué ocurre? ¿Acaso el consumidor no ha indagado lo suficiente, no se ha dado cuenta del “chollo” de vinos que tiene? Parece ser que el meollo de este asunto estriba en las dos grandes bodegas: Félix Solís y Los Llanos. Prácticamente, entre las dos mueven casi todo el volumen de la denominación de origen, y, por simple sentido común, el resultado han sido buenos vinos a precios bajos. La eterna rivalidad entre el pequeño y el grande. Esta presión impide a los pequeños bodegueros vender sus vinos a precios rentables. Una prueba latente que evidencia la tragedia de Valdepeñas es el descenso paulatino de bodegas. Lo normal es que alguien hubiese comprado alguna, como inversión, pero casi todas han desaparecido. En la zona creen que aunque la contraetiqueta de Valdepeñas en España supone un lastre, en la exportación les beneficia. Lo que, en realidad no es cierto. En La Rioja, sin ir más lejos, la gente sabe que hay vinos a un euro, y otros que superan los cien. Lo que diferencia una zona de otra es su potencial de distribución e imagen, por mucho que haya quedado demostrado que los vinos de Valdepeñas pueden alcanzar una calidad aceptable. El siguiente paso será transmitir la buena nueva al público. Y pronto, porque muchas bodegas han desistido ya de la agotadora lucha y han cortado por la calle de enmedio, optando por la mención de Vinos de la Tierra, como recurso más inmediato para vender sus vinos a precios más razonables. Se palpa, sin embargo, un ambiente de optimismo entre las bodegas, sin el concurso de las grandes firmas vitivinícolas que impulsen la zona, como ha ocurrido en la vecina denominación. En nuestro viaje se nos ha quedado un buen sabor de boca, y más de bolsillo, aunque sus vinos apenas merezcan la consideración de la restauración de la zona. Pero eso ya es otra historia. Ribera del Guadiana, triunfa lo personal Tradicionalmente esta región extremeña que comprende las provincias de Cáceres y Badajoz, fue zona de vinos blancos. Comprender seis subzonas: Cañamero, Montánchez, Ribera Alta, Ribera Baja, Matanegra y Tierra de Barros. Es, quizá, esta última donde se elaboran los mejores vinos. Hoy, las uvas tintas se imponen, sobre todo la Tempranillo, seguida de Garnacha y las habituales foráneas. Son muy interesantes la blanca Pardina, además de la Cayetana y Eva de los Santos, todavía en vías de experimentación. Además de los vinos tranquilos también se elabora Cava pero sólo en Almendralejo -la única zona de Extremadura que puede llevar la contra etiqueta de la D.O. Cava-, con Inviosa como el mayor productor. La zona tiene un amplio abanico de variedades, y su Consejo Regulador es de los pocos que aceptan tanta oferta, con la disculpa de dinamizar el mercado. Según nos comenta Ángel Payva, de bodegas Payva, podría estar favoreciéndose a los oportunistas, los que habían abandonado la viña porque no era rentable, o empresarios seducidos bien por la moda, bien por las remuneraciones que se ofrecen por plantar o arrancar. Hace ocho años la uva estaba mejor pagada que ahora. Hay excedente y eso se debe a una plantación compulsiva. De todos modos se supone que al final quedarán los mismos que llevan luchando toda la vida, y que en cinco años el sector se autorregulará. Pero estas fluctuaciones las percibe el público, lo que no es bueno para su imagen. Aún así, resplandecen los proyectos personales de fincas particulares como Martínez Payva (por cierto, reconocido por sumilleres y tiendas, según el informe Nielsen, como el mejor vino extremeño), Viña Santa Marina, Marcelino Díaz y Viñas de Alange. Marcelino Díaz Renovarse o morir Vicepresidente de la D.O. Ribera del Guadiana, lleva toda una vida apostando por la zona, desde sus inicios en Tierra de Barros, después en Inviosa, hasta su nueva etapa como propietario de su joven bodega donde elabora los Puerta Palma. Cuando llegó, allá por el año 1977, el panorama era netamente de uva blanca, cuando el mercado demandaba tintos. La reconversión fue fructífera, hasta ahora que hay excedentes. Marcelino Díaz maneja con preocupación un reciente estudio realizado por Nielsen, cuyos datos son para reflexionar. Por un lado, el estudio demuestra que la zona ya está bien reconocida. Señala también que el vino tinto está bajando un 2%, al igual que la demanda del vino rosado, pero que, curiosamente, el vino blanco está subiendo un 4%. Es más, y para complicar más el panorama, el estudio aconseja no vender vinos por debajo de dos euros pues es contraproducente para la zona. Recomienda, como mejores franjas de precios y vinos más demandados, los que se sitúan entre 5,5 y 7 euros por botella. Para Marcelino, quizá el dilema no es la falta de venta, la imagen, o que el tipo de vino no sea el idóneo, sino más bien la saturación del mercado, lo que le hace pensar que seguramente han llegado algo tarde a esta revolución vinícola. En la Ribera del Guadiana no se elaboran más que 5 millones de botellas. Es una región pequeña, con poco peso específico. Lo sorprendente de esto es que los turistas beben, en proporción, más vino que los españoles. Y, sobre todo en la España meridional, apenas se consume. Aquí triunfan la cerveza y los tragos largos, sectores con agresivas campañas publicitarias y un target de consumidor muy definido. El sector del vino, según Marcelino, necesita una reestructuración inmediata y drástica. Renovarse o morir. Bajo Alentejo,la gran resurrección La región de Alentejo era más conocida por sus corchos (posee una de las mayores reservas de alcornoques del mundo) que por sus vinos. Está situada al sur de Portugal y cuenta con ocho subzonas: Portalegre, Borba, Redondo, Reguengos, Vidigueira, Évora, Moura y Granja/Amarellerja. Tradicionalmente esta zona está dividida en dos: Alto Alentejo y Bajo Alentejo, aunque, como comenta Luis Duarte, reconocido asesor enológico premiado en dos ocasiones como mejor enólogo de Portugal, “entre una zona y otra hoy no hay muchas diferencias; con la nueva tecnología de frío los vinos que se elaboran presentan calidades muy altas tanto en el bajo como en el alto Alentejo”. Quizá la climatología en el sur es algo más severa pero está demostrado que no es un inconveniente. En 1993 el Consejo Regulador, la Asociación de Viticultores y la Comisión de Coordinación de Alentejo promovieron las rutas del Alentejo, con tres recorridos que se pueden encontrar en www.vinhosdoalentejo.pt: la Ruta de San Mamede, la histórica, y la del Guadiana, que es la que nos atañe. En total hay 51 bodegas inscritas en estas rutas de las 170 bodegas que conforman el panorama. En la vecindad del río Guadiana hay 13 bodegas adscritas. Los suelos aquí son principalmente de esquisto y graníticos, con algunas partes calcáreas (pH en torno a 8,5). Las variedades blancas más destacadas son la Antâo Vaz, autóctona y única, con aromas tropicales muy delicados, alta acidez y textura grasa (con cierta similitud al Chardonnay), siendo las pedanías de Vidigueira donde mejor se expresa; la Rupeiro (Síria) de aromas a manzana verde y heno; Arinto, neutra, que aporta acidez; y Rabo de Ovelha, en extinción. En tintas domina la Trincadeira, seguida de Aragonez (Tempranillo), Alicante Bouschet -que, a pesar de no ser buena en el Ródano, aquí se ha adaptado muy bien-, Castelâo (Periquita), Alfrocheiro, etc. En total existen unas 15 variedades interesantes. También están las foráneas, aunque de Syrah sólo hay un 2% y de Cabernet Sauvignon no llega ni al 1% del total. Entre las menciones que los consumidores pueden encontrarse están: “Reserva”, que nada tiene que ver con la acepción española, y que debe tener medio grado más del mínimo exigido; y “Garrafeira”, que exige tener dos años en botella, pudiendo haber sido envejecido o no en barrica. Estas designaciones son de alta calidad, y podemos encontrarlas tanto el los VRA (Vinho Regional Alentejano o Vino de la Tierra) como en las D.O.C. Alentejo. La producción anual se cifra en 100 millones de litros, producidos en su mayoría por sus seis cooperativas. La técnica dominante en la elaboración de vinos, tanto blancos como tintos, consiste en mezclar variedades, aunque, como hemos podido comprobar, también han sido seducidos por la moda de los varietales, eso sí, autóctonos y con mucha personalidad. Joaquim Madeira Un renovador Joaquim Madeira irrumpió en el Alentejo hace más de treinta años. Desde entonces ha vivido con gran entusiasmo todos sus cambios. Aunque no es hasta el 77-78 cuando se cambian las clásicas tinajas de barro o depósitos de cemento recubiertos de resina epoxi por flamantes depósitos de acero inoxidable con control de temperatura. De un consumo muy local se pasó a uno nacional. El vino seducía al público de Lisboa y los turistas del Algarve. Con la participación de los vinos en concursos internacionales, donde se les otorgan buenas puntuaciones, la exportación (un 12% del total producido) comienza a levantar cabeza. Aunque es realmente hace cinco años cuando Joaquim Madeira asiste al espectacular cambio que está sufriendo la región. Grupos de inversores extranjeros no dudan en instalarse para explotar las posibilidades que ofrecen las castas (nombre que se utiliza para designar a las variedades) autóctonas y climatología del entorno. Es, nos comenta, similar al auge que está experimentando Castilla-La Mancha. Se trata, pues, de hacer bodegas modernas, dotadas con la más alta tecnología y rodeadas de su propio viñedo. Confiesa tener una gran confianza en las posibilidades de la zona. Una vez congregó a un puñado de periodistas especilaizados y les brindó la oportunidad de probar algunos vinos que guardaba en casa de su padre. La sorpresa fue mayúscula: muchos de ellos, no todos, estaban espléndidos. Algunos de ellos con 30 años de vejez, lo que corroboraba el potencial de envejecimiento de aquellos vinos. Allí comenzó el futuro. Y el futuro más próximo es ya un buen presente pues las bodegas avanzan muy rápido en el turismo enológico, el reclamo hoy más atractivo. Agenda VISITAS ENOTURÍSTICAS Rutas de Enoturismo de Castilla La Mancha www.enoturismocastillalamancha.com Bodegas Arúspide Francisco Morales, 102 13300 Valdepeñas (Ciudad Real) Tel.: 926 347 075 – www.aruspide.com Bodegas Montalvo Wilmot – Finca Los Cerrillos Ctra. Ruidera, km 10,200 13710 Argamasilla de Alba (Ciudad Real) Te.: 926 699 069 – www.bodegasmontalvowilmot.com Bodegas Real – Finca Marisánchez Ctra a Cózar, km 12,800 13300 Valdepeñas (Ciudad Real) Tel.: 926 338 001 – www.bodegas-real.com Bodegas y Viñedos Sánchez Muliterno – Finca El Guijoso Ctra. El Bonillo – Ossa de Montiel, km 11 02610 El Bonillo (Albacete) Tel.: 967 370 750 – www.sanchez-muliterno.com Dionisos – Agricultura Biológica Unión, 82 13300 Valdepeñas (Ciudad Real) Tel.: 926 313 248 – www.labodegadelasestrellas.com Finca Quesería Villadiego (Pago del Vicario) Ctra. Poblete – Alarcos, km 2,200 13195 Poblete (Ciudad Real) Tel.: 926 210 714 - www.quesosvilladiego.com Museo del Vino Valdepeñas Princesa, 39 13300 Valdepeñas ((Ciudad Real) Tel.: 926 321 111 – www.valdepenas.es Pago de Vallegarcía 13194 Retuerta de Bullaque (Ciudad Real) Tel.: 915 745 534 – www.pagodevillagarcia.com Pago del Vicario Ctra. CM 412 Ciudad Real – Porzuna, km 16 Tel.: 902 092 926 – www.pagodelvicario.com Palacio Quemado Ctra. Almendralejo–Palomas, km 6-Apdo. de Correos 231. 06200 Almendralejo Tel.: 957 650 100 – www.palacioquemado.com Payva Ctra. Gijón – Sevilla N30, km 6,900 06200 Almendralejo Tel.: 924 671 130 –www.payva.es Vinícola de Castilla 13200 Manzanares (Ciudad Real) Tel.: 926 647 800 – www.vinicoladecastilla.com Viña Santa Marina Ctra. N 630 – km 634 – Apdo. 714 06800 Mérida (Badajoz) Tel.: 924 027 675 – www.vsantamarina.com Viñas de Alange Ctra. Almendralejo – Plomas, km 6,900 06200 Almendralejo (Badajoz) Tel.: 660 476 045 – www.hotfrog.es/Empresas/Vinas-de-Alange Rota dos Vinhos do Alentejo Praça Joaquim António de Aguiar, 20-21 Apartado 2146-7000 Évora Te. + 351 667 464 98 – www.vinhosdoalentejo.pt Herdade Grande Apartado 64 7960-999 Vidigueira (Portugal) Tel.: + 351 284 441 712 – www.herdadegrande.pt COMER La Aguzadera Autovía de Andalucía, km. 197,4 13300 Valdepeñas (Ciudad Real) Tel.: 926 323 208 – www.laaguzadera.com Estupenda bodega climatizada, surtida de selectos vinos de la región. Alcañices Moreno Nieto, 5 06100 Olivenza (Badajoz) Tel.: 924 491 570 - www.palacioarteaga.com Se ha mudado a un hotel céntrico, y es la mejor pista a muchos kilómetros a la redonda. Altair Avda. de José Fernández López, s/n 06800 Mérida (Badajoz) Tel.: 924 304 512 – restaurantealtair@yahoo.es Cocina muy cuidada, la decoración es contemporánea y minimalista, y desde el interior se puede disfrutar de excelentes vistas al río Guadiana y al puente de Calatrava. 140 referencias de vinos. Bodega Sucot Avenida Primero de Julio, 87, 13300 Valdepeñas (Ciudad Real) Tel.: 926 312 932 Cocina tradicional manchega en un escenario moderno y cuidado. Tacos de queso guisados con azafrán, lomo de ciervo en adobo. El Corregidor Plaza Fray Fernando Fernández de Córdoba, 2 . 13270 Almagro (Ciudad Real) Tel.: 926860648 – www.elcorregidor.com Espléndido equilibrio entre clasicismo y modernidad de cocina, en una bella casona. Bodega subterránea y surtido internacional. 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