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Vallegarcía, la virtud de la diversidad

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  • Antonio Candelas
  • 2020-12-04 00:00:00

Proyectos inclusivos donde caben variedades de allí y de aquí, donde lo mismo apuestan por un monovarietal del Ródano que por una mezcla de uvas bordelesas, merecen alabanzas más allá de modas y preceptos marketinianos.


En uno de los rincones más bellos de Castilla-La Mancha, entre los Montes de Toledo y el Parque Natural de Cabañeros, Alfonso Cortina encontró hace más de 20 años el lugar ideal donde dar forma al sueño de fundar una boutique enológica en la que uvas del Ródano como la Viognier y la Syrah o las bordelesas Cabernet Sauvignon, Merlot, Petit Verdot y Cabernet Franc fueran capaces de dar vinos con un poderoso temperamento. Entre el perfumado paisaje de bosque mediterráneo y la gracilidad de corzos y ciervos, llegó la viña como nuevo habitante, pues aquellas tierras austeras, fruto de la descomposición de las montañas ibéricas, nunca habían albergado Vitis vinifera alguna.
Y allí, en aquellos suelos pobres y de composición ácida, inexplorados por las audaces raíces de la cepa, fue plantada la primera viña de Viognier en 1999, de la que sale un vino de extraordinaria expresión. La añada 2018 es quizás una de las más frescas y complejas de los últimos años. Es uno de esos vinos que cuando los disfrutas no sabes muy bien dónde encajarlos, si en un perfil opulento y voluminoso o en uno elegante y refinado. ¿La verdad? Es capaz de acaparar tantos registros que bascula entre ambos rasgos con una naturalidad pasmosa y una armonía al alcance de unos pocos elegidos. Pero, ¿dónde está el secreto para obtener vinos de tan encantadora factura en un lugar sin tradición vitícola e importando uvas de otras latitudes?

La trinidad del buen vino
"Debes capturar la esencia de la finca, del terruño, su carácter, los defectos y cualidades, y después trabajarlo con delicadeza para guiarlo hacia la máxima expresión". He aquí una de las claves para obtener vinos de importancia mundial. Son palabras de Eric Boissenot, uno de los enólogos mejor considerados en el Médoc francés y que asesora desde 2007 a la casa. Esta reflexión conecta con los otros dos vértices del triángulo: la nobleza de la variedad y su capacidad de adaptación al medio con la ayuda importantísima de la viticultura aplicada en el viñedo y el trabajo en bodega, donde es fundamental animar a las uvas a que saquen a relucir sus mejores galas. Tres puntos en los que Adolfo Hornos, hoy director técnico y enólogo, lleva trabajando desde que echó a andar el proyecto. Con esta filosofía ha logrado elaborar un Syrah de esos que llaman de libro en localizaciones puramente mediterráneas. Este Vallegarcía Syrah 2018 es una explosión de aromas de fruta negra, flores, hierbas de monte y tinta. Voluptuoso, concentrado, persistente y con ese recuerdo carnoso que deja toques de fruta en licor. Apuntar que en esta añada, al haber sido más benévola en lo climático en cuanto a volumen de lluvias, destaca la frescura en forma de matices balsámicos.
El otro caballo ganador lo encontramos en Hipperia. Un tinto construido a partir de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Petit Verdot del que ya se puede disfrutar de la añada 2017. Serio, complejo y elegante. Tiene una fuerza y personalidad que atraen, pero a la vez unos modales exquisitos que enamoran. Una versión de mayor concentración y altas cotas de excelencia que su hermano pequeño, Petit Hipperia, donde los aromas se muestran más varietales con un deje especiado que le aporta mayor sensación de frescura.

Nuevos horizontes
Sin perder de vista el Ródano francés, durante los años 2016 y 2017 se incorporaron nuevas plantaciones con la idea de plasmar en los vinos venideros de la casa el estilo meridional de esta región francesa. Para ello se plantaron Cariñena (2,5 hectáreas), Garnacha (2,5 hectáreas) y Monastrell (1 hectárea). Tres uvas representativas de aquella parte más cercana al Mediterráneo y que son capaces de desarrollarse con éxito en los horizontes edafológicos de la finca, así como de adaptarse a las condiciones climáticas.
Así es Vallegarcía, un lugar único en el que jamás hubo viña, pero de donde salen vinos que acaparan las atenciones de todo aquel que los descubre. Prueba inequívoca de su notoriedad es el hecho de estar presentes en las cartas de algunos de los restaurantes y tiendas más importantes del mundo. Un éxito basado en creer con firmeza que los sueños que se persiguen se acaban cumpliendo. Porque los sueños, sueños son.

Pago de Vallegarcía

Finca Vallegarcía, s/n. 13194 Retuerta del Bullaque (Ciudad Real)
www.vallegarcia.com

Tel. 925 421 407

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