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Beberse el Mediterráneo: las rutas del vino de Castellón, Valencia y Alicante

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  • Redacción
  • 2021-09-29 00:00:00

La indiscutible tradición vitivinícola valenciana ha llegado fortalecida hasta nuestros días gracias al impulso de nuevas propuestas y a la recuperación de variedades autóctonas, lo que sin duda ha desembocado en unos vinos con personalidad propia.


El territorio valenciano, hogar de vides desde tiempos remotos, atrajo a diferentes civilizaciones que impulsaron la cultura del vino y transmitieron un legado histórico incalculable. Aquellas viñas que abastecieron de vino al Imperio Romano todavía hoy se dejan mecer por la magnética brisa del Mediterráneo, acariciadas por un sol generoso y casi omnipresente.
Recorrer las rutas vinícolas de la Comunitat Valenciana de norte a sur es conocer el territorio a través de sus vinos, y es conocer sus vinos a través del territorio. La humedad del mar, su particular clima, las suaves temperaturas, la orografía de paisajes tremendamente cambiantes dan unos vinos con actitud, potentes y únicos. Vinos blancos, tintos, dulces, cavas que son la armonía ideal para la gran variedad gastronómica de la zona.

Castellón, del mar a la sierra

Arrancamos en la Ruta del Vino de Castellón, donde la tierra posee unas condiciones excelentes para el cultivo de la vid. Entre montañas cercanas al Mediterráneo, con un clima cálido y no muy seco, con latitud, temperatura y pluviometría que rozan la perfección para la crianza de las cepas, nos adentramos en rincones llenos de encanto para conocer las propuestas de pequeños productores, que sacan adelante variedades autóctonas como la Monastrell, la silvestre Bonicaire o la Macabeo e incorporan otras uvas reconocidas como Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot e incluso Syrah con las que dan personalidad a sus vinos.
La figura de calidad I.G.P. Castelló designa los vinos obtenidos íntegramente en sus tres subzonas vitivinícolas: Alto Palancia-Alto Mijares, Sant Mateu y Les Useres-Vilafamés.
Y así, desde el mar hasta la Sierra de Espadán, avanzamos entre viñedos que comparten espacio con olivos milenarios en el Maestrat, entre majestuosas villas medievales y restos de la civilización romana. Y es que la tradición vitivinícola en esta tierra se remonta al siglo I, cuando ya se exportaba a la antigua Roma el vino obtenido de cepas cultivadas en el Valle del Palancia. Pero, sin duda, el mayor auge de la región se vivió a partir del siglo XV, cuando el vino de Carlón, un vino de Benicarló elaborado con Garnacha, conquistó gran parte de Europa –Londres, Burdeos, Ámsterdam o San Petersburgo lo demandaban a raudales–, llegando a ser el vino más consumido en Argentina en un tiempo en que estaba prohibido plantar viñedos en las colonias. Desgraciadamente, en 1930, la sobrexplotación y sobre todo la filoxera acabaron con las vides.
No fue hasta la década de los 2000 cuando se volvieron a plantar viñedos. En la actualidad hay censados 130 viticultores y se cultivan más de 600 hectáreas que producen en torno al millón de litros de blancos, rosados, tintos, espumosos, dulces y mistelas.
Son muchos los pueblos de la región los que promueven hoy, como hace cientos de años, la cultura del vino: Vilafamés (catalogado como uno de los pueblos más bonitos de España), Cabanes, Les Useres, Benlloch, Vall d’Alba o Sant Mateu, con su imponente Museo y Centro de Interpretación del vino.
Las catas y visitas a bodegas armonizan a la perfección con la contemplación de sus iglesias, murallas y torreones, con obras de arte que abarcan desde las pinturas rupestres de la Valltorta, restos arqueológicos íberos y romanos, retablos góticos –el Museo Catedralicio de Segorbe atesora el mejor conjunto de pintura gótica valenciana–, hasta la más reciente muestra de arte contemporáneo del Museo de Vilafamés.
Hacer coincidir el recorrido de la ruta del vino con las fiestas patronales es todo un acierto: San Antonio Abad en Vilafamés y Benlloch, la Fira de Sant Andreu en Cabanes o la Feria del Vino de Les Useres no defraudarán al visitante que podrá degustar la cocina típica de la zona, como la olla, en sus muchas variedades, con producto de la tradicional matanza y diferentes verduras.

Valencia, más allá de la capital
Seguimos camino y nos adentramos en la provincia de Valencia, cuya D.O.P. Valencia comprende un total de 13.000 hectáreas de viñedo con una producción media anual de más 650.000 hectolitros. Los vinos tintos proceden de las variedades Monastrell, Tempranillo y Garnacha Tintorera. Los rosados son elaborados con variedades tintas cuyo mosto se macera solo unas horas para proporcionar al vino ese color y aroma característico. Los blancos, de fragancias afrutadas, utilizan variedades como Merseguera, Malvasía, Macabeo y la autóctona Verdil.
Esta Ruta del Vino de Valencia, que hunde sus raíces en los fenicios, los primeros en introducir las cepas en el territorio, define cinco espacios turísticos con identidad propia: Alto Turia-Valentino, Clariano, Terres dels Alforins, Moscatel y Valencia ciudad.
En el interior de la provincia, el Alto Turia es famoso por sus “vinos de altura” elaborados en un entorno natural declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Tierras que nacen bajo el curso del río Turia y que conforman paisajes con altas cumbres al norte y planicies al sur, con viñedos que se localizan entre los 200 y los 1.100 metros de altitud, que resisten los gélidos inviernos y los veranos secos. Sus bodegas elaboran vino de gran calidad de forma natural y artesanal. Destacan los blancos, únicos en esencia y sabor.
En Clariano, al sur de la provincia de Valencia, perseguimos las huellas musulmanas a través de los pueblos de la Vall d’Albaida. Una zona vitivinícola de transición entre la costa y la montaña, con un clima fresco y mediterráneo. Allí encontramos bodegas de corte familiar y antiguas cooperativas que abren sus puertas a los visitantes. Ontinyent, Bocairent, Agullent o Albaida sorprenden al enoturista con fincas de espectacular belleza, en municipios con un patrimonio monumental extraordinario. Y si se puede hacer coincidir nuestra ruta del vino con las Fiestas de Moros y Cristianos que se celebran en Bocairent o en Ontinyent, la experiencia se volverá inolvidable.
En Terres dels Alforins, los viñedos y el bosque mediterráneo conviven con los campos de cereales. El valle, que alberga uno de los yacimientos íberos más antiguos de la Comunitat Valenciana –La Bastida de les Alcusses–, esconde entre sus viñedos bodegas centenarias que constituyen un valioso patrimonio enológico. La Font de la Figuera, Moixent y Fontanars ofrecen a los visitantes la oportunidad de visitarlas. También podemos acudir a La Mostra de Vins de Terres dels Alforins y catar los vinos de la zona.
A escasos 20 minutos de la ciudad, se elabora un vino característico del Levante valenciano: el Moscatel de Valencia, hecho con una uva madura y soleada, en un territorio que comprende municipios como Chiva, Cheste, Godelleta o Turís, donde la brisa del mar Mediterráneo permite obtener la variedad Moscatel de Alejandría, una de las más representativas de la DO. La Fiesta de la Vendimia de Cheste puede ser un momento perfecto para visitar la zona.
La ciudad de Valencia es el destino sin duda de los enoturistas más cosmopolitas. Allí encontrarán toda una serie de establecimientos que forman parte de esta ruta. Hoteles, bodegas urbanas subterráneas, restaurantes modernistas o tradicionales que ofrecen catas de vino maridadas con los mejores productos locales y de proximidad. Visita obligada es la del Celler de Proava, del siglo XIII, la bodega más antigua de Valencia, un recurso patrimonial convertido en todo un referente gasto-cultural en pleno centro de la ciudad.
La D.O.P. Utiel-Requena, también en la provincia de Valencia, reivindica una tradición vitivinícola que atesora 2.600 años de historia. Decenas de lagares tallados en piedra –como Las Pilillas de Requena–, ánforas, documentos y restos de pepitas de uva hallados dan fe de una cultura vinícola que se remonta a los orígenes del vino en la Península Ibérica. En esta comarca la cultura del vino está omnipresente.
La Ruta del Vino Utiel-Requena discurre por bellos paisajes, entre extensos viñedos y Parques Naturales Protegidos como el de las Hoces del Cabriel o el de Chera. Invita al viajero a visitar la arquitectura medieval de Requena y Utiel, a perderse por sus galerías subterráneas medievales y sus barrios mudéjares. Y, por si fuera poco, la comarca ha definido una nueva marca turística denominada Tierra Bobal.

Alicante, tierra de contrastes
Camino hacia el sur, nos adentramos en la provincia de Alicante. En estas tierras, el influjo del Mediterráneo es incontestable, al igual que el cruce de culturas que las poblaron. Si a un territorio rico en microclimas –con influencias continentales en el interior y suavizadas en la costa– y suelos idóneos para el cultivo de la vid –de elevada porosidad y permeabilidad–, le sumamos el buen hacer de quienes la trabajan, obtenemos un muestrario de vinos de gran calidad y personalidad con D.O.P. Alicante.
La riqueza vitivinícola de la provincia luce sus contrastes, pequeñas explotaciones a orillas del Mediterráneo y grandes extensiones que configuran las tierras del río Vinalopó. Los viñedos crecen bajo el influjo de la brisa del mar, de los tantos y tantos días de sol, y dan vinos siempre apetitosos, en cualquiera de sus variedades: la estoica Monastrell o la jugosa y aromática Moscatel de Alejandría, pero también la Syrah o la Merlot y las clásicas Cabernet Sauvignon, Pinot Noir o Petit Verdot. Además, esta emblemática ruta alberga una maravillosa rareza enológica: el Fondillón, uno de los vinos con más historia del mundo, que procede de la sobremaduración de la uva Monastrell en la cepa, que luego sigue criándose en viejas barricas mediante el ancestral sistema de soleras y se caracteriza por su alta graduación (18% vol.). El Fondillón, que ha sido reconocido por la Unión Europea con una especial protección dentro de la D.O., fue el primer vino que dio la vuelta al mundo. Inspiración de escritores, fue el predilecto de reyes y descubridores.
La cultura del vino en Alicante se remonta a la época de los fenicios y los íberos. Sobre una llanura al noroeste de Dénia, se encuentra el yacimiento de Benimaquia del siglo VI a.C., los restos más antiguos de producción de vino de la Península Ibérica y uno de los lagares más antiguos de Europa.
La Ruta del Vino de Alicante está compuesta por una amplia lista de bodegas centenarias, enotecas, alojamientos con encanto, comercios tradicionales, museos, restaurantes y empresas especializadas en enoturismo que brindan todo lo que el viajero pueda necesitar para disfrutarla. Subidos al Bus del Vino y en compañía de guías especializados, es posible recorrer y visitar fincas con más de 300 años de historia, pasear por viñedos ecológicos, vivir el proceso de elaboración del vino en sus bodegas, penetrar en fortalezas, embriagarse de calas secretas y espectaculares montañas o poner la guinda a una jornada de turismo enológico sumergiéndose en la tranquilidad de un spa.
El vino de la D.O.P. Alicante es ideal para armonizarlo con sus productos gastronómicos. El sur es tierra de arroces con conejo y caracoles al sarmiento, embutidos y pastas típicas. Al norte, en la Vall del Pop y la Marina Alta, encontramos decenas de recetas de arroz (arroz a banda, arroz negro, arroz meloso de bogavante…), y platos como el espencat, el suquet de peix, las cocas o el putxero con pelotas. Todo un referente gastronómico con reconocimiento internacional gracias a productos como la gamba roja de Dénia, el langostino de Guardamar del Segura, el tomate de Mutxamel, la granada Mollar de Elche o el turrón de Jijona, y a sus excepcionales restaurantes, que atesoran quince estrellas Michelin.
Cualquiera de estas rutas del vino es una puerta para conocer estas tres provincias a través de los sentidos. Un viaje que invita a adentrarse en un territorio donde se vive bien y se producen vinos excelentes.

Más información:
www.enoturismo.comunitatvalenciana.com


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