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Mil y una cafeteras

  • Redacción
  • 1997-06-01 00:00:00

La elección de la cafetera es vital para poder obtener un café de calidad, acorde con nuestros gustos. Razones no faltan, porque el café tiene una riqueza gusto-olfativa tan delicada que se puede echar a perder por una mala preparación de la bebida. Básicamente existen dos tipos de cafeteras. Una es el popular pucherete, donde una manga de tela actúa de filtro. Basta con introducir la manga en el agua, calentada a punto de ebullición, y dejarla unos minutos, para obtener un café libre de impurezas. Otra forma consiste en verter lentamente sobre la manga, cargada con el polvo de café, agua muy caliente, que recogeremos ya cargada de aromas, sabores y color, en un puchero puesto debajo.
Dentro del mundo de las cafeteras hay que destacar las de filtro, tanto de metal, la más común, como de porcelana o cerámica. Constan de dos cuerpos; en el superior, dotado de filtro, se coloca la moltura de café; luego no hay más que verter el agua caliente encima, muy despacio, teniendo la precaución de utilizar una moltura no muy fina y de presionar bien el polvo de café para que el agua no pase muy deprisa. Un truco consiste en mojar previamente con un poco de agua fría la molienda. Si opta por este tipo de cafetera, elija siempre la de vidrio, porcelana o loza, ya que las metálicas pueden aportar sabores poco recomendables.
Un tipo es la cafetera “Melita”, de amplio uso y excelente resultado. En ella, el filtro es de papel, o incluso de nylon, aunque este último no es aconsejable. El café obtenido resulta suave, ligero, de aromas muy agradables y limpios. Otro modelo es el “gota a gota”, o cafetera de gravedad. Tiene la ventaja de que el agua cae controlada a la jarra de cristal que sirve de depósito, colcada sobre una plataforma dotada de resistencia eléctrica, lo que permite que el café permanezca siempre caliente. Otra posibilidad es la cafetera a presión, tipo Moka, con dos cuerpos. En la parte inferior se coloca el agua que, por efecto de la presión, subirá a la parte superior, atravesando la molienda y depositando en la parte superior el café.
Una variante más evolucionada es la cafetera Napolitana. Muy popular en los años 60, esta cafetera tiene también dos cuerpos separados por un doble filtro. El agua se coloca en el cuerpo inferior; cuando alcanza el punto de ebullición, se da media vuelta a la cafetera, consiguiéndose así un lento y más concentrado café de filtro de gran aroma, sabroso y amplio. Más engorrosa en la Cafetera Cona, creada por un inglés, que se basa en la presión ejercida por el aire caliente, que impulsa el agua hacia el cuerpo superior, donde se encuentra el café, para depositarse posteriormente en el recipiente inferior cuando baja la presión por el paulatino enfriamiento; los cafés resultantes son muy aromáticos y sabrosos. Pero los expertos catadores prefieren la cafetera de émbolo, generalmente de cristal grueso, muy útil, ya que se controla muy bien todo el proceso de la infusión. Consiste en un cilindro, coronado por un soporte metálico que fija un émbolo. Cuando el agua que llena el recipiente alcanza el punto de ebullición, se introduce el café y, pasados unos minutos, se baja el émbolo, formado por un disco de metal finamente perforado a modo de filtro, que va arrastrando la borra hasta el fondo, dejando limpio un café concentrado y consistente. La cafetera exprés merece un capítulo aparte.

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