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Sin retorno

  • Redacción
  • 2011-03-01 00:00:00

El pasado mes de diciembre, Vinum estuvo de cumpleaños, 30 añadas desde su primera edición internacional. Y en este número también podríamos celebrar otro acontecimiento: por primera vez en la historia de Vinum, tres mujeres llevan las riendas de sus respectivas ediciones: Britta Wieglemann (Alemania), Barbara Meier-Dittus (Suiza) y la que firma este editorial en España. Antes de que alguien interprete estas palabras como “otra mujer reivindicando el papel de la mujer”, incluso alguna mente, más bien corta, piense en feminismos trasnochados, vaya por delante una premisa: no creo en el género en el mundo del vino ni en algunos de sus debates que rozan lo absurdo. La realidad es otra, más profunda e interesante. Recuerdo que hace tan solo diez años, nos reunieron a un pequeño grupo de chicas para hacernos un reportaje sobre cómo había sido nuestra experiencia en la incorporación al mundo del vino. En aquel momento era anecdótico. Hoy, todas seguimos trabajando en el sector, pero lo más importante es cómo en tan solo una década el papel de la mujer en el mundo del vino se ha normalizado. Un cambio que mucho tiene que ver con el cada vez mayor protagonismo de la mujer en la sociedad, incluso en sectores como el del vino, que durante décadas se viene produciendo en España y en el mundo. Así que parece natural que vino y mujer sea un binomio condenado a entenderse. Después de ir superando prejuicios, barreras, falsos tópicos, exigencias impuestas y de demostrar día a día, contra viento y marea, que la calidad de nuestro trabajo nada que tiene que envidiar al de los hombres, poco a poco las mujeres nos hemos incorporado al mundo del vino con voz y cierta relevancia en el ámbito público. Hemos dejado de ser invisibles y nuestro trabajo es respetado. Ya podemos confirmar que no es cierto lo que decía aquella famosa frase publicitaria de la no menos famosa bebida: “Cosa de hombres”. En realidad, siempre ha habido mujeres trabajando en pro del vino; unas pocas, relevantes y con fuerza, y la gran mayoría, en tercera o cuarta división, con un indispensable trabajo en la sombra. Enólogas ejerciendo más allá del laboratorio y de la bata blanca, viticultoras dirigiendo labores de campo, bodegueras que continúan la tradición de sus padres y abuelos, mujeres comerciales o directoras de Marketing y Comunicación. Y no quiero olvidarme de las sumilleres, asesoras y nueva imagen del vino. Esa es la nueva e innegable realidad. Otra cosa diferente es el imaginario social que ha despertado históricamente la relación de la bebida-vino con las mujeres, las creencias morales y éticas con las que se relacionaba. Nada más gracioso que echar un vistazo al ridículo refranero que existe al respecto. Esa es la barrera que se está desmoronando. Y voy más allá, la población femenina será el segmento de futuras reflexiones y estudios de mercado. Lo que antes era anécdota ahora es una realidad sin retorno con un futuro prometedor.

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