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Con nombre propio Alicia Vives, Equilibrio funambulista

  • Redacción
  • 2011-09-01 00:00:00

¿Escribimos de lo que quieren los clientes o de lo que realmente les interesa a nuestros lectores? ¿El interés comercial de una empresa-anunciante tiene que ver con el interés informativo real? Estas preguntas son los interrogantes machacones e impertinentes que nos hacemos, una y otra vez, todos aquellos que tenemos la responsabilidad de dirigir un medio de comunicación. Creo, sinceramente, que no hay una respuesta fácil y mucho menos única, sobre todo porque el equilibrio funambulista que debemos ejercer entre clientes, comerciales, periodistas, línea editorial y la caja tiene más de arte que de otra cosa. Conseguir que estas fuerzas hagan contrapeso sin que se dañe la inteligencia del lector es, en mi modesta opinión, uno de los trabajos más ingratos que hay, sobre todo porque no existe teoría ni ciencia que le dé forma. Nuestras decisiones se basan en oficio y nada más. Así, compatibilizar el derecho de una información libre, creíble y con calidad con los intereses comerciales de nuestros clientes -que son la gasolina que da movimiento y, ¡de qué manera!, en los medios especializados del sector agroalimentario- se convierte en una pesadilla porque con la decisión que tomemos se pone en juego una contratación publicitaria y, por tanto, dinero contante y sonante para las arcas de nuestra empresa. Los anunciantes, que con la crisis han reducido sus ingresos, siguen confiando en nosotros, pero también nos demandan un listado cada vez más extenso de exigencias: más tirada, más información de su empresa, más espacio publicitario a menos precio, más presencia en sus actos... Sus demandas lógicas, y por supuesto legítimas, son nuestro oxígeno (por los ingresos y por la confianza que nos dan), pero también nuestra cicuta (por la presión a la que nos someten). Por ello, cada día creo más en que hay que poner límites a los anunciantes para mimar su reputación e imagen exterior y, ¡cómo no!, para cuidar el prestigio del soporte que utilizan, que directamente se vincula a él. Quizá esto suene a nepotismo, pero es una realidad de la que pienso que no son conscientes nuestros clientes porque sus gabinetes de comunicación y agencias de publicidad les dicen y convencen de lo contrario (también muy legítimo). Por poner un simple ejemplo anecdótico: ¿Qué interés informativo hay en el traslado de dirección de una sede o que la empresa asista como expositor a una feria? Contesto sin tapujos: ninguno. ¿Qué espacio se merecen ambos hechos? Pues un breve o una columna. Sin embargo, estas dos noticias pueden verse perfectamente en cualquier publicación de nuestro sector a doble página, e incluso a más. ¿El motivo? Nuestra pleitesía, lógica, pero al fin y al cabo, pleitesía al cliente. Querer vender otra idea de comunicación e impacto no me la creo. Y esto hay que decírselo al que tan generosamente se gasta el dinero con nosotros; de la misma manera hay que recordarle que no todo lo que hace tiene interés y no todo lo que dice es publicable. La información interesa cuando aporta datos, nos enseña, nos enriquece, nos da placer, nos da dolor… La información es poliédrica por concepto y forma y, por ese motivo, deja de ser información cuando es autocomplaciencia y propaganda. Necesarios e incuestionables anunciantes: ¡ayudadnos a hacer buenas publicaciones y hablen con sus asesores de comunicación! La calidad e interés de sus informaciones corporativas repercute directamente en el prestigio del soporte que utilizan para publicitarse. Tengan en cuenta esta reflexión, no es baladí. Alicia Vives es directora general del Grupo de Comunicación Europa Agraria. “La información interesa cuando aporta datos, nos enriquece, nos da placer, nos da dolor...”

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