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D.O. Catalunya: Razones para un amparo

  • Redacción
  • 1999-10-01 00:00:00

Desde hace dos años, la Administración autonómica catalana ha venido manteniendo diversas reuniones de trabajo con todos los sectores involucrados en la producción del vino de Catalunya, y muy particularmente del Penedés, que es su mayor y principal zona vitivinícola. Desde un principio se llegó a un consenso casi total con todos los Consejos Reguladores -con la excepción de Priorato-, los Sindicatos Viticultores y las Patronales acerca de la conveniencia de crear una Denominación de Origen para todos los vinos de Catalunya, respetando la idiosincrasia de cada una de las D.O. existentes. Para ello se pensó en la creación de una VCPRD, siguiendo la normativa europea, que permite, entre otras cosas, mantener la individualidad y el prestigio de cada una de las zonas, pero existiendo la posibilidad de realizar coupages entre sus vinos. Finalmente, la nueva D.O. Catalunya ha sido aprobada por la Generalitat para proteger y garantizar los vinos de esta Comunidad Autónoma. Y desde Septiembre el Consejo Regulador ya está operativo, con Carles Andreu, de la Unió de Pagesos, al frente. Componen la junta: Antoni Bonfill (Unió de Pagesos), Josep Mª Albet i Noia (Unió de Pagesos), Jordi Vilaclara (Joves Agricultors i Ramadares de Catalunya), Frances Martí (Federació de Cooperatives Agràries de Catalunya), Miguel A. Torres (Bodega Miguel Torres), Ricard Raventós (Codorníu), Ramón Roqueta (Bodegas Roqueta), Frances Fuster (Agrícola Fuster), y los Presidentes de los Consejos Reguladores de las nueve D.O. catalanas. El Consejo, con sede en Reus, ha editado la contraetiqueta correspondiente.
Para la inmensa mayoría de los bodegueros catalanes, esta nueva D.O. de Catalunya representa una mejora sustancial de su marco de actuación. Así, Miguel Agustín Torres, Presidente de Bodegas Torres, cree que “la nueva Denominación de Origen Catalunya será, sin ninguna duda, un gran instrumento para mejorar la calidad de todos nuestros vinos. Actualmente, la única alternativa que le queda al viticultor o al bodeguero es la del Vino de Mesa. Por ejemplo, si por circunstancias de clima el viñedo sobrepasa ligeramente la máxima cantidad de producción autorizada por el Consejo Regulador local, automáticamente el vino se descalifica y tiene que venderse como Vino de Mesa. Es un derroche de riqueza que afecta muy negativamente a la vida empresarial. Lo mismo ocurre con las bodegas, si en las catas de selección de los vinos que se hacen en el Penedés, por ejemplo, no alcanza el nivel mínimo exigido, automáticamente, queda descalificado a Vino de Mesa, con el perjuicio que eso significa. Por lo tanto, con la nueva D.O. de Catalunya los criterios de calidad de los Consejos Reguladores podrán ser superiores sin causar perjuicios graves”. “Estoy convencido -termina Miguel A. Torres- de que asistiremos a una mejora importante de la calidad de las vendimias y de los vinos finalmente elaborados”.
Ciertamente, la posibilidad de vender los excedentes vínicos con el valor añadido de una Denominación de Origen, y no como Vinos de Mesas, lo mismo que el poder utilizar vinos de varias D.O. catalanas puede facilitar la penetración en los mercados, particularmente internacionales, a precios muy competitivos, lo que sin duda beneficiará a las empresas vitivinícolas catalanas.

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