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Señor Mondavi, ¿sigue siendo vinicultor?

  • Redacción
  • 2000-06-01 00:00:00

DESPUÉS DE HABERSE CONVERTIDO EN UNa MULTINACIONAL DEL VINO, ¿SE PUEDE SEGUIR PENSANDO COMO UN VINICULTOR? “QUÉ PREGUNTA, PERO SI TODA MI VIDA GIRA ALREDEDOR DEL VINO”, CONTESTÓ ROBERT MONDAVI, DE 87 AÑOS, CASTIGANDO A NUESTRO entrevistador cON UNA MIRADA MALÉVOLA.

Vinum: Mondavi es hoy un jugador global en el mundo del vino. Por todas partes joint-ventures, participaciones, cooperaciones. Esta evolución ¿acaso no nos ofrece vinos cada vez más estandarizados, intercambiables, del llamado estilo internacional?
Referir al vino tópicos como globalización o internacionalización me parece algo exagerado. Porque al menos el terruño no se deja internacionalizar. Lo que existe son cooperaciones y participaciones. Pero, sobre todo, hay comunicación. Nosotros aprendimos de los europeos, y más tarde los europeos se beneficiaron de nosotros. Actualmente, todos aprendemos de todos.

En su opinión, ¿qué es lo que los europeos han aprendido de usted, o de la vinicultura californiana en general?
Lo que siempre hemos hecho mejor es llevar a nuestros vinos un óptimo de fruta madura. Fomentamos calculadamente este carácter frutal, por ejemplo, embotellando vinos superiores sin filtrar. Gracias a su fruta, nuestros vinos alcanzan su momento de consumo óptimo pronto, sin que por ello merme su potencial de maduración. En la actualidad estoy viendo que muchos vinicultores europeos superiores también siguen este estilo.

Lo cual ha llevado a que un gran Burdeos cada vez se parezca más a un Napa-Blend, y un gran Syrah del Ródano a un Syrah de Central Coast…
Si existe un acercamiento, ha de tratarse de una consecuencia de la investigación y de la técnica, que en todas partes ha mejorado mucho. Hemos de preguntarnos si mucho de aquello que antes se consideraba característica particular de un terruño no se basaría en definitiva en unos procesos tradicionales que apenas se cuestionaban.

¿Eso quiere decir que mucho de aquello que antes se consideraba un marcado «sabor del terruño» realmente se debía a errores o a desconocimiento?
Esa afirmación, dicha de forma general, es falsa, aunque pueda ser acertada en casos extremos. En el caso del vino, la perfección muchas veces está muy cerca de lo defectuoso. Es una búsqueda constante. Así, nos hemos dado cuenta ahora de que algunas formas tradicionales de la elaboración del vino resultan ser mejores que los procedimientos de alta tecnología, lo cual no solo es aplicable al tema de la filtración.

¿A qué más?
Estamos reformando nuestra bodega en Oakville con un presupuesto de 27 millones de dólares. En la nueva bodega fermentaremos nuestros tintos en 56 cubas de fermentación de madera de roble, abiertas por arriba, con una capacidad de 18.000 litros cada una. Hemos encargado expresamente estas barricas de fermentación clásicas en la región francesa de Cognac y estamos convencidos de que influirán beneficiosamente en los matices de sabor y en la complejidad de nuestros vinos.

¿Se puede seguir pensando y sintiendo como un vinicultor cuando se dirige una empresa de envergadura mundial? ¿O bien, quizá, entre volúmenes de facturación y planes de negocios, realmente ya no se llega a ver las cepas?
Vivo entre viñedos y toda mi vida siempre ha girado en torno al vino. Cuando uno ha convertido el vino en su destino, cuántas botellas, dónde y con quién se produzcan es irrelevante. También en nuestras joint-ventures, el vino y los contactos personales con otras familias de vinicultores siempre ocuparon el primer plano, nunca exclusivamente las consideraciones comerciales.

Usted acostumbra a participar al 50 por ciento con sus socios de joint-ventures. ¿Por qué?
En una sociedad al 50 por ciento hay que pensarse muy bien si la asociación va a funcionar verdaderamente.
En cuanto al precio, sus vinos superiores se acercan, lentos pero seguros, a los espantosamente caros vinos de Burdeos. ¿Es una evolución saludable?
Si producimos anualmente 30.000 cajas de vino que se cuentan entre las mejores del mundo, ¿por qué no íbamos a venderlas a igual precio que, por ejemplo, un Premier Cru de Burdeos?

¿No teme usted que sus reservas pronto ya sólo se coleccionen y no se beban?
El nivel de vida está subiendo en el mundo entero. Cada vez más personas quieren y pueden disfrutar de vinos de primera calidad, cuya producción siempre seguirá siendo reducida.
Pero usted se orienta simultáneamente también hacia abajo, por ejemplo aliándose con Disneylandia…
En el Disneyland Resort, directamente al lado de la verdadera Disneylandia en Anaheim, construiremos un parque temático del vino. Allí tendremos la posibilidad de demostrar a las generaciones más jóvenes qué cosa más maravillosa es el vino, cómo es capaz de enriquecer la vida y beneficiar la salud, consumido con moderación. Es un trabajo de divulgación muy importante, teniendo el cuenta la fuerza del movimiento antialcohol en los EE.UU.
¿No está usted situándose en el mismo nivel que Coca Cola?
No temo ese contacto. En estos momentos, precisamente, se está planteando la cuestión de si queremos dar una plataforma a Coca Cola en el nuevo American Center for Wine, Food and the Arts en Napa Valley. Este centro es una empresa muy ambiciosa. Con todo, no tengo nada que objetar a una aparición de la Coca Cola. Coke es parte de nuestra cultura.

La filosofía Mondavi de alguna manera me resulta muy americana…
No sé cómo somos de americanos. Invertimos mucho dinero en proyectos a muy largo plazo, lo cual no necesariamente corresponde al American way of Business.

Robert Mondavi
Robert Mondavi, que actualmente cuenta 87 años, empezó su carrera vinícola en el Napa Valley después de la guerra, donde su familia era propietaria de la Charles Krug Winery desde 1943. Entre otras cosas, mejoró las técnicas de vinificación y desarrolló nuevas estrategias de marketing. Tras una disputa familiar, Robert Mondavi abandonó la empresa de la familia en el año 1965. Un año después, a la edad de 53 años, puso la primera piedra de la Robert Mondavi Winery en Oakville, con la que en las décadas que siguieron escribió una de las más increíbles historias de éxito de California. En 1979, junto con el barón Philippe de Rothschild, lanzó el legendario Opus One, una joint-venture de éxito al que seguirían muchas otras. A finales de los años 80, Robert Mondavi traspasó la dirección de su muy ramificada empresa a sus hijos Michael y Tim. Desde entonces ocupa su tiempo junto a su mujer, Margit Biever, de origen suizo, como embajador de la síntesis entre vino, arte culinario y cultura.

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