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François Lurton, ¿piensa volver a Burdeos?

  • Redacción
  • 2008-01-01 00:00:00

El clan de los Lurton es muy poderoso en Burdeos. François Lurton dio la espalda a ese mundo hace veinte años y construyó su propio imperio del vino con bodegas en cinco países. Hace ahora 20 años que huyó usted del mundo del vino de Burdeos. ¿Por qué? Eso de “huir” suena un poco dramático. En realidad, fue así: mi hermano Jacques y yo teníamos entonces la impresión de que ya había suficientes Lurton en Burdeos. Y muy pronto tuvimos la oportunidad de trabajar como asesores y flying winemakers a nivel mundial, desde el Languedoc, pasando por Moldavia, hasta Sudamérica. Así surgieron nuestros propios proyectos enológicos. Es posible que sólo pudiéramos desarrollar tanta creatividad y dinamismo fuera de Burdeos. Pero Burdeos ya no es el rígido coloso de antaño... Cierto, Burdeos se ha dado cuenta de que no es la única región vinícola en el mundo. Ha dejado de ser tan arrogante y actualmente está más integrada en un mundo del vino que hoy está más interrelacionado que nunca. Se está más abierto a las influencias del exterior. Pero el mundillo de las familias bordelesas establecidas desde siempre sigue siendo el mismo. Siguen pensando de acuerdo con las antiguas estructuras. ¿No se plantea volver? Vivo con mi mujer y nuestros tres hijos en Eysines, cerca de Burdeos. Y la sede principal de mi empresa está 30 kilómetros al este de Burdeos, cerca de la ciudad de Libourne. Vivo y trabajo muy a gusto en Burdeos precisamente porque no tengo mucho que ver con la vinicultura del lugar. Por otra parte, también es verdad que hace ya mucho tiempo me siento igualmente en casa tanto en Argentina como en Chile. Y su padre, André Lurton, pionero de la AOC Pessac-Léognan y todavía patrón de varios châteaux, ¿qué opina de lo que hace usted? Su relación con mi proyecto es claramente ambivalente. Cuando visita nuestras fincas en el Valle del Douro o en Toro, por ejemplo, se muestra francamente impresionado por estas regiones y lo que hacemos allí. Pero para él, en última instancia, estas visitas no son más que excursiones a un mundo diferente y desconocido. Su mundo ha sido, es y seguirá siendo Burdeos. Durante veinte años, ha trabajado con su hermano, y juntos han construido su proyecto a nivel mundial. Pero su hermano le ha traspasado recientemente sus acciones. ¿Han discutido? No. Me parece normal que, después de tantos años juntos, cada uno quiera seguir su camino. Creo que Jacques estaba un poco cansado de tanto viajar. Quería vivir su vida con más tranquilidad. Ahora está centrado en su proyecto The Islander Estate Vineyards en Kangaroo Island, Australia, y en La Martinette, en Entre-Deux-Mers. ¿Pero usted sigue viajando con el mismo entusiasmo? Ahora, cuando viajo a Argentina, no siento el mismo cosquilleo en el estómago que hace quince años, cuando fundamos nuestra finca vinícola en el Valle de Uco. Aquello fue una gran aventura. Por suerte, mi empresa tiene actualmente suficiente envergadura y sustancia como para permitirme viajar cómodamente. Si esto no fuera posible, yo ya no me forzaría a estar de viaje durante siete meses al año. Por otra parte, soy una persona que necesita movimiento. Si estoy demasiado tiempo en el mismo lugar, me siento como un león enjaulado. Cuando está en el extranjero, ¿se centra exclusivamente en el vino o también tiene otros intereses? Intento llevar una vida lo más normal posible en esos países. Tenemos una casa grande en Chile y otra más pequeña en Argentina. Mi familia me acompaña siempre que puede. En Sudamérica hemos hecho muchos nuevos amigos, es decir, que allí también llevo una vida activa. Por ejemplo, hace algunos años crucé con mi familia los Andes a caballo. Y voy de caza siempre que puedo. En Chile, generalmente de madrugada, antes de empezar el trabajo en la bodega. Su primo Pierre Lurton, director de Château Cheval Blanc y Château d’Yquem en Burdeos, ahora también produce un vino en Argentina, Cheval des Andes. ¿Se ven ustedes de vez en cuando en Mendoza? Sí, es divertido encontrarse con alguien de la familia fuera de Burdeos. La última vez hablamos de su Cheval des Andes. Yo le dije que es un vino magnífico, pero en mi opinión no es un argentino típico. Su portafolios incluye en la actualidad la impresionante cifra de casi sesenta vinos. ¿El impulso para hacer nuevos vinos procede de su departamento de marketing o de sus enólogos? En la mayoría de las ocasiones, los impulsos llegan por mi parte, en colaboración con los enólogos de las distintas bodegas. Pero nuestro departamento de marketing también desarrolla ideas. No hay una regla fija. Actualmente producimos al año alrededor de tres millones de botellas de nuestro Fumées Blanches, un Sauvignon Blanc del sur de Francia, a diferencia del Quinta do Malho, nuestro vino superior del valle del Douro, cuya producción no llega ni a las 7.000 botellas. Estoy orgulloso de esta flexibilidad. ¿Y siempre ha ido todo bien? Por supuesto que no. Por ejemplo, después de que nuestras fincas en Chile y Argentina se hubieron establecido con bastante rapidez, quisimos llevar a cabo un proyecto en Uruguay. Nos entusiasmaba ese país y su variedad de uva local, la Tannat. Pero el proyecto no terminó de despegar. Hubo problemas con nuestros socios allí, las condiciones climáticas eran muy extremas, y tampoco el mercado acogió los vinos como esperábamos. Así que paramos ese experimento en Uruguay. Mi estimación es que, hasta ahora, habremos lanzado unos cien vinos. De entre ellos, sesenta han llegado a formar parte de nuestro surtido. ¿Trabaja siguiendo la tradición de una región determinada o aplica sus conocimientos y experiencia internacional? Analizo cuidadosamente la tradición vinícola de cada región. Cuando en el año 2005 iniciamos el proyecto portugués en el valle del Douro, todos hablaban del renacimiento de los lagares, en los que todavía se pisa la uva con los pies o con robots. Al principio me mostré escéptico, pues temía que la oxidación inevitable provocase una evolución equivocada o que hubiera peligro de contaminación con bacterias acéticas. Hoy sé que los lagares efectivamente son el mejor sistema para producir vinos del Douro de primera calidad. Para este proceso, empezamos la fermentación en los propios lagares con el pisado y luego terminamos de fermentar el vino en tanques de cemento. ¿Y ahora está exportando la idea de los lagares a todo el mundo? Estamos pensando seriamente en la posibilidad de equipar nuestra bodega en Toro con lagares para macerar la Tempranillo. ¿Hay otros ejemplos de transferencia de sistemas de vinificación entre sus bodegas, repartidas por cinco países? Actualmente trabajamos en todas nuestras bodegas mezclando la tradición local con las experiencias propias. Es importante el respeto por la tradición vinícola de una región, pero demasiado respeto puede ser un error. ¿Dónde estará su próximo proyecto? Hace muchos años que sueño con una bodega en California. Pero supongo que siempre seguirá siendo un sueño. Creo que seis bodegas en cinco países repartidos por dos continentes son suficientes. Ahora se trata de seguir consolidando lo ya conseguido. ¿Y dónde le gustaría vivir cuando se jubile? ¿Quizá, después de todo, en un bonito château en Burdeos? Si conoce usted a otros miembros de mi familia, habrá visto que no somos de esa clase de personas que a los cincuenta años ya piensan en la jubilación. François Lurton François Lurton, de 50 años, es hijo de André Lurton, de 84 años, el pionero de la “apellation” Pessac-Léognan en Burdeos y patrón de Château Bonnet, Château La Louvière, Château Rochemorin y otros. En 1988, François Lurton fundó con su hermano Jacques la empresa Jacques & François Lurton S.A. Construyeron fincas vinícolas en Francia (Fitou y Maury), Chile (Colchagua Valley), Argentina (Valle de Uco), España (Toro y Rueda) y Portugal (Valle del Douro). Las bodegas recientemente inauguradas en Toro y Rueda están en el mismo complejo de edificios, situado en la línea fronteriza que divide las Denominaciones de Origen de Toro y Rueda, lo que permite vinificar en las dos alas respectivas el vino correspondiente a su denominación. En el año 2007, Jacques Lurton abandonó la empresa. Sus acciones pasaron entonces a François Lurton. Las fincas de François Lurton producen al año aproximadamente 7,5 millones de botellas de vino. La empresa emplea actualmente a alrededor de cien personas en cinco países repartidos por dos continentes.

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