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Filtración

  • Redacción
  • 2001-11-01 00:00:00

La filtración puede definirse como la separación mediante filtros de las partículas sólidas suspendidas en un líquido. En el caso del vino, se trata de separar las materias que lo enturbian y eliminar posibles levaduras o bacterias perjudiciales.

Suele emplearse uno de los dos métodos siguientes: en el filtrado por capas, el vino turbio se hace pasar por presión a través de capas de celulosa, tierra de diatomeas o perlita. Las partículas quedan retenidas en las anfractuosidades de los filtros. Es importante limpiar previamente las capas con agua o vapor de agua para evitar que aparezca un «sabor a filtro». En el caso de la filtración por membrana, el vino se clarifica haciéndolo pasar a través de una delgada lámina de material sintético. La filtración adicional antes del embotellado -filtración estéril- sirve para eliminar los gérmenes del vino, ya clarificado previamente. El posterior embotellado estéril garantiza que no puedan introducirse microorganismos del entorno.
Todo esto, que parece lógico, resulta sin embargo polémico entre los vinicultores. Los productores más ambiciosos afirman que la filtración es un tratamiento muy duro que perjudica a la calidad del vino. Efectivamente, renunciando a este procedimiento pueden conservarse componentes importantes para el sabor. En general, los vinos que sólo se clarifican mediante sedimentación y trasiego suelen ser más finos y diferenciados -aunque quizá menos transparentes- que los sometidos a una vinificación convencional. En el caso de los blancos, los indicios de turbiedad provocan a veces críticas en la cata, mientras que los tintos no suelen tener este problema debido a su densidad de color, por lo que a menudo se ofrecen sin filtrar, sin que a los consumidores les importe la aparición de posos con mayor frecuencia.
Sin embargo, la mayoría de los vinos comercializados no tienen un potencial tan grande como para que merezca la pena tanta prudencia en la vinificación: al fin y al cabo, la renuncia a la filtración supone un aumento significativo de los costes. Además, muchos vinos producidos en grandes cantidades para el consumo diario no permanecerían estables en la botella sin una filtración.

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