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El gusto por el blanco

  • Redacción
  • 2013-05-01 09:00:00

Decir que te gusta beber vino blanco ya no da vergüenza. Parece que ese desafortunado tópico de que el mejor blanco es un tinto ha quedado desterrado a mentes ancladas en una oscura y rojiza visión del panorama cultural del vino español. Mientras que en otros países el vino blanco siempre ha tenido su momento de consumo, al igual que consumidor fiel, y de ser valorado y percibido como producto de calidad, en España parecía que estaba limitado a personas de dudosa capacidad para valorar los vinos-vinos, es decir, los tintos. Incluso parece también que el hecho de decir que bebes más blanco que tinto no se limita a una cuestión de género, algo que me ha venido sucediendo durante años. Qué alivio dan las estadísticas para liberarte de ciertas anomalías ajenas. Y hablando de estadísticas, según un reciente informe Nielsen, la cuota de mercado de vinos blancos en España es del 23,9%, frente al 69% de tintos y 7,1% de rosados. El primer tipo se ha incrementado respecto al año anterior en casi un 10%, mientras que el tinto baja ligeramente y el rosado se mantiene. Por denominaciones de origen, Rueda tiene el 36% del mercado, seguida de Rías Baixas con un 11,3%, Ribeiro con un 8,8%, Penedès con 8,3% y Rioja con un 8%. Por debajo del 5% se encuentran Valencia, Valdepeñas, La Mancha, Navarra y Cataluña, en este orden. Estas cifras se engloban en una dinámica ya conocida: descenso del consumo en hostelería hacia el canal de la alimentación y mayor peso de las denominaciones de origen frente a indicaciones geográficas.
Cierto es que en España la correspondencia entre vinos blancos y tintos, incluida su calidad, ha estado muy desequilibrada, aun siendo un país con zonas más que buenas para elaborarlos. Y cierto también que fuera de nuestras fronteras España es país de tintos, un sambenito que no ayuda a estas regiones para vender lo que debieran. La calidad en la elaboración de vinos blancos ha mejorado mucho en España, quizá porque los bodegueros se han dado cuenta de que el blanco también existe, y vende. Esta puede ser una de las razones de su incremento en cuota. Otra, un cambio en los hábitos de consumo tanto en estilo de vinos -más frescos, afrutados y ligeros-, y momentos para tomarlos. Y quizás también pueda influir el precio y su distribución teniendo en cuenta la subida de los vinos de la D.O. Rueda. Sea como fuere, me alegro de que los vinos blancos empiecen a tomar posesión de su propio territorio y que el mercado les corresponda.
Hace unas semanas durante el transcurso de una cena, un hombre de mediana edad, serio y trajeado, me comentaba en voz baja mientras bebíamos un vino blanco: “¿Sabes?, cada vez me gustan más los vinos blancos”. No te preocupes, no te pasa nada, a mí también, le respondí. Brindamos.

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